Quiero ser la persona perfecta

Quiero ser la persona perfecta

Tiempo de lectura aproximado: 2 minutos

«Quiero ser la persona perfecta, para mi pareja, para mis amigxs, para mi familia y hasta en el trabajo» ¿Cuántas veces has dicho o has escuchado algo parecido a esto?

Muchas veces perseguimos ser perfectxs. 

Lo podemos desear por muchas razones pero sobre todo porque pensamos que eso hará que las dificultades disminuyan o incluso desaparezcan. 

Y no es que alguien quiera ser la persona perfecta por presumir o restregar su perfección, o al menos no siempre.

La mayoría de veces cuando hacemos eso es porque deseamos poder estar tranquilxs sobre lo que los demás piensan de nosotrxs. Y esto es porque inferimos que su opinión será favorable y no habrá nada que objetar , lo que nos permitirá vivir tranquilxs.

También creemos que si somos perfectxs no nos me sentiremos nunca más agobiados por ser mediocres, vagxs o inútiles. Como si las personas tuviéramos que ser útiles o como si la mediocridad fuese algo malo.  

Pues bueno… ¡parece que todo son ventajas! 

Peeeeeero, la confusión está en el concepto.

Entendemos la perfección como algo absoluto y estático. Si soy perfectx lo seré en todo y una vez alcance la perfección ya no se irá nunca. 

Y esto no es así.

Ser perfectx no es hacerlo todo bien siempre.

Ser perfectx no significa que todo el mundo va a interpretarlo así.

Ser perfectx no va a evitar que dude de mi mismx.

Porque lo perfecto no es algo absoluto sino relativo y no es algo objetivo sino subjetivo.

Depende de la época, del momento, de lo que busquemos…

Lo que es perfecto para alguien no lo es para otra persona, lo que es perfecto ahora puede que mañana no lo sea y lo que es perfecto en este contexto no lo es en otro. 

Lo perfecto, por lo tanto, es lo que está en sintonía con mi circunstancia única y personal (sea la que sea) y, dado que esta es cambiante, la perfección es cambio y adaptación.

Por lo tanto lo perfecto es lo adecuado.

Entender la perfección como algo posible de alcanzar 24/7  es dañino y nos provoca muchísimo malestar. 

Aumentamos nuestra exigencia tanto y nos sacrificamos tanto que nunca nada de lo que consigamos nos parecerá suficiente por lo que seguiremos aumentando nuestro esfuerzo más y más sin darnos cuenta que no es ahí donde hay que fijarse. 

La perfección está en el  proceso, no en el final. 

Si no tenemos esto en cuenta no sabremos cuándo hemos llegado.

Escrito por Begoña Peraita

http://www.psicologadevalencia.es

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