¿Cómo sacar el máximo partido a la jubilación?

Son las 7:00h, es lunes por la mañana y hace un minuto que a Paco se le han abierto los ojos en la cama y ha ido a coger el móvil cuando se ha dado cuenta de que ya no tiene que ir a la oficina. Hace dos semanas que llegó el día, y aunque sabe que no tiene que volver más su cerebro parece haberse convertido en una alarma que le despierta todos los días insistiendo en que se levante. Además una vez despierto ya no se puede volver a dormir y él nunca ha sido de dar vueltas en la cama así que cada día a esa hora se sigue levantando pero… ¿ahora qué?

¿Cómo sacar el máximo partido a la jubilación?

  1. Con más calma sí, pero no te aísles
     Deja atrás el estrés que has estado soportando durante toda la vida laboral, está claro que dado que sigue vivo/a seguirás teniendo cierto nivel de ansiedad pero ahora puedes elegir ir con más calma las primeras horas del día así que ¿por qué no?
    Pero no confundas eso con desconectar del mundo, con encerrarte y no relacionarte. Sal de casa cada día, la vida sigue pasando y tú sigues en ella.Presta atención a tus relaciones sociales, cuanto más tiempo tenemos peor a veces lo organizamos, no descuides tus relaciones de amistad y/o familiares.
  2. Manténte activo/aLa mente: haz cosas que te mantengan en forma mentalmente, relacionarte con gente, salir, hacer cosas en casa, leer la prensa, aprende algo nuevo, enseña a los demás, lee cosas que te interesen, etc.

    El cuerpo: haz ejercicio, has estado yendo y viniendo de trabajar cada día durante muchos años, te has movido y tu cuerpo va a notar y mucho que ahora pares de repente. Oblígate a dar paseos diarios o haz cualquier tipo de ejercicio que te interese pero no dejes de estar activo/a físicamente.

  3. No te quites responsabilidades Ahora tienes más tiempo libre y es fácil caer en la tentación de dedicarlo sólo al ocio y al descanso pero tener responsabilidades nos hace sentirnos útiles, así somos los seres humanos y tú no eres diferente.

    Búscate obligaciones, pregunta a los demás en qué puedes ayudar y dedica un tiempo cada día a hacer aquello que aunque no es lo que más te guste sí resulta útil y provechoso para ti y/o para alguien a quien quieres. Eso sí, tampoco te exijas una “jornada laboral”.No tener una responsabilidad que nos haga sentir útiles puede acabar afectando negativamente a la autoestima.
  4. Viaja
    Dentro de tus posibilidades visita nuevos destinos, aunque a veces aparezca la pereza y el cansancio de tantos años acumulando no permitas que eso te deje atado/a, es tú momento para ti, ahora es el momento de disfrutar del tiempo libre.
  5. Quiérete Muchas veces con la jubilación llega la sensación de que para la sociedad ya no somos útiles, es una sensación falsa porque realmente todos tenemos algo que aportar socialmente y además eso no está relacionado con trabajar o no sino con qué cosas hacemos cada día por las personas que nos rodean. Cuando te dirijas a ti mismo/a hazlo siendo honesto, sé sincero/a contigo y no te quites méritos. Cada día es una nueva oportunidad para enseñar algo a alguien, para compartir algo con alguien y para hacer disfrutar a los demás de nosotros y nuestras aportaciones.

Aprovecha cada día como hacías antes, no te cuestiones. Reinvéntate.

Tengo manía a la gente

Tienes manía a la gente, no es fobia social, es más, a ti nunca te ha supuesto un problema relacionarte con la gente, es más bien algo que te está pasando con los años, cada vez te aburre, desespera y genera más pereza la gente en general.

María y Paco salen a pasear a su perro Bob todos los días a las siete y media y pasan un rato con algunos otros vecinos con perro en el parque más cercano a casa, pero hoy Paco le ha dicho a María que quiere salir más tarde (a las ocho) porque no quiere encontrarse con ningún vecino, ella le ha preguntado si es que ha pasado algo con los vecinos y le ha respondido “Es que estoy un poco antisocial, me cansa la gente, tengo manía a la gente”

Si te sientes identificado con estos primeros párrafos sigue leyendo.

 

Relacionarnos con los demás tiene un coste energético. Supone una puesta en marcha de habilidades aprendidas y de recursos cognitivos.

 

Se trata de ser educados, amables, sociables, sonrientes, carismáticos y en fin, unos perfectos vecinos… Y claro, eso no es nada fácil.

 

¿Qué está ocurriendo?

Hoy en día la vida social nos persigue, 24 horas al día todos los días de la semana, tenemos el móvil encima y con él siempre un montón de conversaciones pendientes. Grupos que cuando vamos a leerlos tienen 150 mensajes, personas que nos han hablado durante la jornada laboral hace horas o mientras conducíamos y que han seguido escribiendo y a las que respondemos al llegar a casa cuando estamos agotados de todo el día. La vida social ya no se limita a cómo y cuándo queremos, la vida social nos acompaña a todas partes.

Si preguntaras a la gente que te rodea qué es lo primero que hacen al abrir los ojos por la mañana la gran mayoría diría que meterse en redes sociales, contestar mensajes de anoche o de esta mañana temprano y consultar el correo. Todo eso sin levantarnos de la cama, todo eso es lo primero que nos pasa en el día. Esto antes era impensable, antes de las redes sociales y los teléfonos móviles nadie empezaba a trabajar desde la cama, mientras desayuna, en el coche de camino al trabajo y a la hora de comer.

El experimento: Durante el día de mañana cuenta con cuántas personas diferentes hablas desde que te levantas hasta que te acuestas (incluyendo cualquier tipo de comunicación).

Además con la edad solemos tener cada vez más y más estresores, cada vez es más difícil mantener el equilibrio emocional y no tener altibajos porque al fin y al cabo a partir de cierta edad (aunque es cada vez más tardía) empiezan los pagos, el alquiler o la hipoteca, los hijos…

El conjunto de estas dos cosas es el caldo de cultivo perfecto para encontrarnos cada vez menos sociales y más ermitaños.

Estamos cansados de los demás y es porque los llevamos todo el día en el bolsillo.

¿La solución?
  1. No consultes el teléfono hasta estar levantado y duchado. Es decir, puedes hacerlo en el desayuno antes de salir de casa pero no antes y no desde la cama.
  2. Permítete el lujo de no contestar a aquello que no te urge, prioriza lo urgente y pospón las conversaciones que no te urgen para cuando realmente te apetezca conversar.
  3. Empieza a llamar más y “whatsappear” menos, porque así tú decides cómo y cuándo hablas con quien te apetece, no hay conversaciones a medias que nunca terminan.
  4. Aparca el móvil a partir de la hora de la cena, descansa de eso y céntrate en ti y/o en los tuyos, en las personas físicas que tienes delante.

Así empezaran a aparecer las ganas de ver a gente, hablar con gente y salir con gente, porque la gente ya no estará en todas partes y a todas horas sino cuando tú decidas.

 

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¿Cómo dejar a tu pareja?

¿Cómo dejar una relación de pareja haciendo el mínimo daño posible a la otra persona?

 

Clara tiene 28 años, lleva 4 años con Javi, y aunque le quiere mucho se ha dado cuenta de que no le quiere como antes, no está “enamorada”, no siente la “chispa” y ha decidido dejar la relación. Pero aunque hace días que llegó a la conclusión no ha sabido buscar el momento ni las palabras para decirlo, se siente fatal porque sabe que le va a hacer mucho daño.

Existe una manera adecuada de dejar una relación de pareja y pasa por tener en cuenta estos pasos:

  1. Hazlo cara a cara

    Sé respetuoso con el otro. Es más fácil para ti hacerlo de otra manera, te ahorrarías ansiedad, emociones y un trago muy difícil pero no dejarías al otro expresarse. Nada mejor que hablar cara a cara para entenderse, sincerarse y comunicarse de forma adecuada.

  2. Empatiza con lo que siente la otra persona

    ¡Qué fácil decirlo! Empatizar suele ser complicado y más cuando tú también estás sufriendo, seguramente tendrás ansiedad por lo complicado de la conversación y sobretodo mucha pena porque la otra persona probablemente sufra. Se trata de que imagines, conociendo a esa persona, cómo se está sintiendo él/ella. Y que además se lo trasmitas, que seas respetuoso/a con sus reacciones (siempre y cuando sus reacciones también sean respetuosas) y sus tiempos.

  3. Da una explicación

    Cuando alguien decide dejar una relación contigo, sea del tipo que sea, lo más probable es que lo primero que aparezca en tu cabeza sean las palabras “¿Por qué?” Lo que ocurre cuando nadie responde a eso es que depende de cómo sea cada uno puede que los pensamientos vayan orientados a la culpa o al enfado con el otro. Es más, a veces oscilan entre ambas. Puede que si Clara no le diera a Javi ninguna explicación él empezara a pensar cosas como “¿Qué habré hecho mal? Seguro que ha sido por mi culpa” y que después alterne esos pensamientos con “Es todo porque ella es así y no es capaz de estar en una relación”
    Los primeros son un ataque directo a la autoestima, los segundos la protegen pero desde luego si después hay que mantener una buena relación (pe. si hay hijos) no es nada bueno que la otra persona piense cosas malas de quien decidió dejarlo.


  4. Ahórrate el daño extra

    Si en la explicación hay algo que va a hacer daño a la otra persona pero que es absolutamente gratuito (es decir, no añade información importante) ahórratelo y ahórraselo al otro. Sólo responde honestamente si la otra persona te pregunta directamente sobre ello, pero si no lo hace no provoques daño extra. Imaginemos que Clara hace dos días conoció a un chico en el trabajo que le gustó, aunque no ha pasado nada eso la ha ayudado a confirmar que con Javi las cosas no están bien pero ella ya estaba sintiéndose así con respecto a la relación desde hacía semanas y esto no ha sido crucial para tomarla. Esta es la clase de información que más puede dañar al otro y a su autoestima aunque en realidad sea la menos trascendental. Se convierte en el centro y resta importancia al verdadero mensaje que Clara quiere trasmitir.

  5. No uses el “porque tú”

    Has decidido dejarlo, la relación por lo tanto está terminada y el otro acaba de recibir esa noticia y está seguramente dominado por muchas emociones o haciendo un esfuerzo por controlarlas.  ¿De qué nos sirve ahora reprochar nada? No queremos ya que lo cambie, no queremos que haga nada, no tenemos ese objetivo.

  6. Nada de medias tintas ni falsas esperanzas

    Cuando algo que hacemos tiene como consecuencia que otra persona sufre puede que después nos sintamos culpables, y es ese sentimiento de culpa lo que puede hacerte dar falsas esperanzas: “Podemos intentarlo más adelante”, “Quizá sea mejor darnos un tiempo”…

    Si sabes que no va a pasar, no las des, eso aunque te parezca que alivia el dolor de la otra persona sólo es a corto plazo, a largo plazo confunde y hace sufrir más.

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Mis manías sin importancia

 

Empecemos con una conversación ficticia entre una persona y su psicólogo o psicóloga pero que perfectamente podría haber sucedido en terapia:

Pepe: A ver tengo algunas manías sin importancia 

Yo: Vamos a definir un poco más este término, ¿a qué llamamos manías? Ponme algún ejemplo.

Pepe: Bueno a ver… son pequeñas manías, no es que sea yo una persona demasiado maniática pero… me gusta comprobar que he cerrado la puerta de casa y la del coche también según en qué barrios, bueno, en general. También me considero una persona ordenada, me gusta tener las cosas exactamente donde tienen que estar…ordeno por colores la ropa en el armario pero porque así la encuentro fácilmente, en el escritorio deja las cosas alineadas. Me gusta colocar los zapatos ordenados uno junto a otro y que todos formen una fila exacta, eso es una cosa que me viene de mi padre él siempre lo ha hecho.

Yo: ¿Y fuera de casa? 

Pepe: Fuera de casa… intento no tocar los pomos de las puertas, suelo limpiar con la servilleta la parte por donde voy a beber en las latas y botellines pero eso es por precaución podría coger alguna cosa ¿no?… Siempre que doy la mano a alguien que no conozco después me lavo las manos en cuanto puedo, soy muy limpio.

Yo: ¿Alguna vez te ha pasado que no has podido limpiar la lata o no has podido lavarte las manos después de saludar a un desconocido?

Pepe: Pues sí, me ha pasado lo segundo, porque no he podido ir al servicio.

Yo: ¿Y cómo te has sentido hasta que has podido ir?

Pepe: Pues no te exagero si te digo que igual pasé una hora inquieto, como nervioso, porque sabía que me las tenía que lavar.

¿Cómo diferenciamos lo que son manías sin importancia y las manías por las que tendríamos que ir al psicólogo?

No depende de la cantidad ni de si tenemos una razón o no para hacerlo.

Como hemos visto en el ejemplo algunas de las cosas que hace Pepe tienen una explicación para él (higiene, ser ordenado, ser precavido) pero que tenga una explicación no quiere decir que sea la explicación adecuada además aunque lo fuera esto no lo exime de ser una manía que nos debe preocupar.

“Si no lo hago me siento nervioso”

Esa es la clave. No importa qué conducta sea, no importa con qué frecuencia sea, no importa si lo que haces tiene sentido para ti o para los demás. Lo único que nos debe hacer “saltar las alarmas” es que lo hagas porque si no lo haces te sientes nervioso/a.

Eso significa que en realidad la razón por la que lo haces no es sólo la explicación que tú le encuentras sino también evitar la ansiedad. Y eso se convierte en un problema porque entonces empiezan a aparecer más y más manías. Porque la ansiedad que antes desaparecía comprobando una vez la puerta ahora sólo desaparece si la compruebas dos veces o si además compruebas la del coche.

 

Que no cunda el pánico

Tiene solución, es algo que los psicólogos tratamos muy a menudo porque al final tener estas manías suele ser la manera de “relajarse” de mucha gente y por lo tanto hay desarrollado un tratamiento específico para ellas.