Running por placer… ¿o adicción?

Running, la nueva modase ha convertido en los últimos años en la forma más elegida para mantenerse en forma.

Quizá tenga algo que ver con la crisis, no hace falta dinero para salir a correr, sólo unas zapatillas y fuerza de voluntad, suena fácil y efectivo: perder peso, reducir la celulitis, activar la circulación, etc. y gratis.

 

Pero a pesar de todo lo positivo también tiene sus peligros como por ejemplo lo fácil que resulta lesionarse si no se hace como se debe y dado que no estamos asesoradxs por ningún(x) profesional podemos caer en el error de forzar demasiado «la máquina» o correr en horas que no son las adecuadas. Pero existe un riesgo menos visible, algo que pasa más desapercibido, el peligro de confundir la moda y el placer del deporte con la adicción.

 

¿EN QUÉ CONSISTE UNA ADICCIÓN?

Todxs hemos oído hablar de las adicciones químicas, pero poco se habla y se conoce a nivel popular sobre las adicciones no químicas. Tales como las adicciones tecnológicas, la adicción al sexo, la adicción al deporte, etc.

La pregunta es: ¿Lo hago por placer o por no sentirme mal si no lo hago?

Se pueden tener varias razones para salir a correr que serían válidas y no preocupantes:

 

  • Mantenerme en forma.
  • Ponerme en forma.
  • Mejorar mi calidad de vida.
  • Perder algo de peso.
  • Hacer amigos.
  • Competir.
  • Sentirme bien conmigo mismx.

 

 

Pero aunque empecemos por una de estas razones corremos el peligro de convertirlo en una adicción. Es fácil que si corres tengas descargada alguna APP en el móvil que te diga cuánto corres cada día, a qué velocidad, etc. o incluso cuánto corren otras personas con las que «compites» de manera virtual. También es posible que corras con otras personas con las que quedas exclusivamente para eso, o que estés preparando alguna carrera en concreto.

Todo esto es una forma de presión que hace que nos resulte más difícil renunciar a correr un día, y que si lo hacemos después nos sintamos mal.

Ahí aparece el problema, cuando la razón por la que salimos a correr no es ninguna de las enumeradas anteriormente, es la siguiente:

Me siento mal si no salgo hoy

Esto es lo que lxs psicólogxs llamamos mantener una conducta por refuerzo negativo, es decir, lo hago porque al hacerlo me ahorro una sensación negativa, no porque hacerlo me proporcione sensaciones positivas.

¿QUÉ TIENE ESTO DE NEGATIVO?

Como ocurre con cualquier adicción el problema es que mi bienestar depende de tener o no aquello a lo que soy adictx.

El día que, por la razón que sea, no puedo salir a correr me sentiré triste, malhumoradx, frustradx, decepcionadx… en definitiva: con ansiedad.

 

¿TIENE TRATAMIENTO?

Todas las formas de acción tienen tratamiento psicológico efectivo (terapia cognitivo-conductual).

Es importante disfrutar de las cosas que hacemos, no hacerlas porque sin ellas somos incapaces de disfrutar de lo demás

 

 

La Peligrosa Operación Bikini

¿Qué es la operación bikini?

Así se le llama a la “puesta a punto” para el verano. Se llama «Operación bikini» porque se sobreentiende erróneamente que preocupa más a las mujeres que a los hombres, esto es un error.

Consiste en aumentar el tiempo que dedicamos al ejercicio y empezar cualquier tipo de dieta con el fin de perder los kilos de más que se han ocultado bajo la ropa en invierno.
A principios de Mayo se nota que aumenta la gente que sale a correr, nuevas caras en los gimnasios, etc. Pero esto tiene consecuencias peligrosas.

Antes de seguir sería interesante distinguir bien entre lo saludable y lo peligroso y la manera de hacerlo es la siguiente:

✅ Saludable: comer sano y hacer ejercicio moderado durante todo el año.

❌ Peligroso: hacer dieta restrictiva y hacer ejercicio de forma intensiva durante dos meses.

No sólo es peligroso a nivel físico por las consecuencias obvias de la falta de ingesta calórica y la sobrecarga de los músculos y las articulaciones por el ejercicio intenso, sino también a nivel mental.

 

¿Cómo nos afecta el verano, los cánones de belleza y el deseo de agradar? ¿Dónde empieza todo?

Somos animales sociales y como consecuencia tenemos el imperioso deseo de formar parte de la sociedad y no ser excluidxs por no cumplir los requisitos que esta nos dicta.

Al fin y al cabo todo se basa en un aprendizaje sencillo, la relación entre “persona triunfadora” y “persona delgada y en forma”.

Lo hemos aprendido desde la cuna, en cada anuncio publicitario, en cada serie de televisión, en cada película… y al final hemos caído atrapadxs en esa red sin salida que nos lleva a tener complejos y deseos irreales y dañinos que pueden desencadenar en un sinfín de conductas peligrosas para nuestra salud y que rozan a veces el trastorno alimenticio.

Quizá tú mismx te reconozcas en algunas: 

Cuando se acerca el buen tiempo comenzar a hacer dieta restrictiva, tomar más el sol o broncearte con el fin de parecer más definidx o tapar imperfecciones, apuntarte al gimnasio y hacer auténticas maratones de ejercicio para quemar y/o muscular, comer más frutas y verduras y dejar el dulce, consultar foros de internet con el fin de saber cómo perder peso en poco tiempo, observar tu cuerpo con más detenimiento encontrando más y más imperfecciones, aplicarte más cremas y/o maquillaje, etc.

Algunas de estas conductas no son perjudiciales en su justa medida, otras lo son de entrada, pero todas son la consecuencia de una necesidad de agrado a los demás que pone en juego nuestra autoestima.

Es un arma de doble filo, tiene dos posibles consecuencias:

Por un lado tenemos el fracaso de la “operación bikini”, que es lo que más probablemente suceda y que nos lleva a una sensación de frustración y de desagrado con nosotrxs mismxs que implica una inestabilidad emocional y en algunos casos un verdadero problema de autoestima e incluso depresión. Hemos invertido mucho esfuerzo y a veces dinero en ponernos en forma, hemos pasado hambre, hemos sometido al cuerpo a muchos esfuerzos, puede que incluso a lesiones y al final no vemos el resultado que pensábamos ver.

Aparece la tristeza y la sensación de vergüenza a mostrarnos, sobretodo se suele dar en adolescentes, y puede aparecer la primera señal de alarma, la necesidad de ser aún más restrictivx en la dieta y más exigente en el ejercicio que puede desencadenar en un trastorno alimenticio grave o bien en resignación y auto-castigo que pueden desencadenar en problemas emocionales como la depresión.

Por otro lado puede suceder que la “operación bikini” funcione, y consigamos lo que pretendíamos, perdiendo esos kilos que queríamos quitarnos y encontrándonos mejor con nuestro cuerpo. Pero, ¿qué aprendizaje sacamos de esto? Volvamos al adolescente, seguramente aprenderá algo así como “Si hago una dieta restrictiva y dejo de comer algunos alimentos y me salto comidas, puedo conseguir el cuerpo que quiero”, por lo que la próxima vez que quiera perder peso recurrirá a este tipo de conductas corriendo el riesgo de nuevo de caer en la trampa del trastorno alimenticio.

¿Y qué podemos hacer al respecto?

Es importante conocer bien este tipo de información y saber cuál es la manera adecuada de perder peso y ponerse en forma en el caso de necesitarlo.

Lo adecuado sería consultar a un profesional de la nutrición para que determine si realmente estamos por encima del IMC normal y qué tipo de dieta debemos llevar a cabo.
Si hemos detectado este tipo de conductas nocivas en otras personas es importante no reforzarlas, no elogiar ese tipo de conducta, no hacerle ver que estamos impresionadxs, o que admiramos lo que hace, y en el caso de detectar un problema recomendarle a un psicólogx profesional que estará capacitadx para evaluar y tratar su problema tanto alimenticio como emocional.