Hablemos del perdón

Hablemos del perdón

Hablemos del perdón.

Cuando alguien hace daño a otra persona el pensamiento más generalizado en un primer momento es: “El que la haga que la pague”

Parece algo justo. Si nos hacen daño, que sufran también y como mínimo lo mismo que estamos sufriendo nosotrxs.

Sin embargo, y paradójicamente, si queremos devolver el daño para sentirnos mejor, lo primero que tendremos que hacer es pensar todo el tiempo en la ofensa y el dolor que nos han hecho pasar, no queremos olvidarlos porque si lo hiciéramos no podríamos conseguir nuestro objetivo: que lo paguen.

A lo que nos llevaría esto es a sentir  el dolor una y otra vez y por lo tanto a no dejar de sufrir.

Estaríamos alimentando el sufrimiento, engordándolo cada vez más y prolongándolo en el tiempo. A todo esto, además, habría que unirle el no  permitirnos desprendernos de la idea de que somos víctimas y eso es algo que nos debilita y nos hace vulnerables ya que  nos vinculamos  al pasado y nos  impedimos  seguir adelante y volver a ocuparnos de nuestra vida.

Nosotros nos envenenamos de rencor y el ofensor ni se entera.

Y por esto tiene sentido el perdón.

¿Qué podemos  hacer entonces para superar esa experiencia y ese dolor?

Sin duda: perdonar.

Alguien podría responder «Pero ¿de qué me sirve perdonar?» 

Aunque para algunas personas sea perdonar lo imperdonable, y el “no  perdón” parezca lo más coherente.

Perdonar no es fácil, y en ocasiones resulta muy difícil. Es más fácil, por ejemplo, cuando no hay intención en el daño, cuando no es muy grande la ofensa, cuando  aprendiste a hacerlo de niñx o cuando te piden perdón, pero esto no siempre ocurre.

Os vamos a dejar algunas características del perdón desde el punto de vista psicológico que pueden clarificar falsas creencias respecto a lo que significa perdonar, que esperamos os ayuden a contemplar esta posibilidad si el rencor se está haciendo presente en vuestra vida. Y comprobar que realmente sí sirve perdonar.

  • El perdón es un acto voluntario e íntimo. No se exige.
  • Se hace por uno mismo, no por el otro. Es elegirte a ti, elegir seguir adelante y dejar de sufrir por algo que no puedes cambiar.
  • Si la ofensa es un delito, perdonar no significa no desear que el ofensor cumpla su condena frente a la justicia.
  • Se puede perdonar a solas. No hace falta que nos pidan perdón y no necesitamos decirlo a la otra persona si no queremos, o si ya no tenemos posibilidad de tener contacto con dicha persona.
  • El perdón no hace que se olvide lo ocurrido.

No tenemos la capacidad de olvidar voluntariamente ni de eliminar los recuerdos pero sí de recordar sin rencor. Sí tenemos el perdón.

  • Perdonar no significa volver a relacionarte con esa persona si no quieres, puedes redefinir tu relación con ella o incluso apartarla de tu vida para siempre.
  • El sufrimiento y la maldad forman parte de la vida y perdonar significa aceptarlo.
  • Eliminas la tensión, el insomnio, el dolor de cabeza…Recuperas la tranquilidad y mejoras tu salud.
  • Perdonar es aprender que el sufrimiento no sirve para nada, no tiene beneficios, cero.
  • El rencor lleva al odio y el odio a la venganza. Eso se vuelve contra ti. Podemos llegar a auto-despreciarnos, y vivir insatisfechxs de espaldas a la vida  por ello, si perdonas vives de frente, te enorgulleces y aumenta la alegría de vivir.
  • El perdón te ayuda a valorar cuando te perdonan a ti.
  • Cuando aprendemos a perdonar también somos más tolerantes con nuestros propios errores. Aprendemos a perdonarnos, a ser condescendientes con nosotrxs mismxs.
  • Quienes perdonan aumentan el control sobre su vida, se trata de cerrar el pasado, hacer las paces con él  y abrir el futuro.
  • Cuando perdonas te conviertes en  un ejemplo para los demás enseñándoles que es posible.

 

Los límites los ha cruzado la otra persona, pero el perdón es cosa tuya.

 

 

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Un comentario en «Hablemos del perdón»

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