Mi hijo pequeño sale corriendo de repente

Es una conducta tan frecuente como peligrosa que se suele dar en niños y niñas pequeños que tienen la autonomía para ser capaces de correr relativamente rápido pero aún no son conscientes del peligro de cruzar una carretera.

Lo primero que vamos a intentar comprender son sus razones para hacerlo, normalmente son dos:

  1. El propio placer de correr: sobretodo cuando están empezando a sentirse autónomxs, les da sensación de libertad, además quema energía que muchxs niñxs tienen más que de sobra. A veces incluso es una manera de competir con otrxs cuando se trata de llegar primero a un sitio con tal de recuperar algo (un balón) o de coger algo que ellxs han visto primero (una flor bonita). El principal problema que tenemos con esto es que los padres y/o madres difícilmente pueden adelantarse siempre tanto a todo lo que su hijx quiere y por tanto es fácil que les «pille descuidadxs» o incluso sentadxs cuando echa a correr.
    2. Refuerzo Positivo: En alguna ocasión ya hemos nombrado este refuerzo. Para los que no se acuerden: el refuerzo positivo sería el beneficio que uno obtiene después de emitir una conducta.
    En el caso del niñx que corre de momento hay un beneficio asegurado: Mi padre o madre corre detrás de mi. Para el niñx – recordemos que aún no es consciente del peligro- el hecho de que sus padres/madres corran tras él es una manera de introducirlxs en el juego, algo divertido. Además de eso obtiene generalmente otro refuerzo positivo: la atención. Mientras nosotrxs pensamos que le estamos castigando obligándole a sentarse a nuestro lado en realidad para él/ella le estamos dando atención y un lugar privilegiado, ha aprendido que echar a correr es una manera de obtener la plena atención de sus padres/madres que asustadxs lo sostienen en brazos durante el resto del tiempo que queda de parque.

Así pues el proceso en la cabeza del niñx, utilizando un ejemplo, sería:

Veo algo que me gusta y corro hacia eso, entonces me doy cuenta de que mi madre está corriendo para cogerme y me siento el centro de atención. Entonces intento correr más para que no me coja porque me gusta jugar a eso con mi madre. Cuando me coge me riñe, me dice que está mal lo que he hecho pero todo eso no me importa porque mientras lo hace o bien me lleva de la mano o bien en brazos y eso me gusta, además cuando llegamos la zona del parque me sienta en sus piernas y me dice que no me voy a mover de ahí en toda la tarde ¡Me encanta!

El proceso en la cabeza de la madre en  este caso sería:

Ya va a cruzar otra vez la calle, corro tras él, debería reñirle y explicarle lo peligroso que es porque un día puede pasar algo. Como estamos con más gente o con alguno de sus hermanxs nos quedamos más rato en el parque pero él ya no va a jugar con los demás así que lo sujeto en brazos y me aseguro de que está castigado y también de que no vuelve a irse corriendo.

¿CÓMO CAMBIAMOS LA DINÁMICA?

Lo primero:

Al llegar al parque explicarle que si quiere salir del la zona del parque (si es necesario se le puede indicar explícitamente dónde están los límites) se tiene que acercar a donde estáis y que le acompañaréis a donde quiera ir. De esta manera ponéis el refuerzo positivo en la conducta de avisaros (el refuerzo es nuestra compañía). También se le explican las consecuencias de no avisar: si sale de esa zona corriendo os iréis directamente a casa y estará castigadx sin… (algo que normalmente hace al volver a casa y le gusta hacer, por ejemplo: ver La patrulla canina). Hay que asegurarse de que lo ha comprendido, pidiéndole que lo repita, o si es muy pequeñx, que repita la consecuencia.

En el caso de que se acerque en el algún momento para pediros que le acompañéis fuera lo hacéis siendo especialmente cariñosxs, amorosxs y sonrientes. Esto le hará ver que si os avisa obtiene mucho más que si corre.

En el caso de que a pesar de ello salga corriendo hay una parte del refuerzo positivo que en este caso no se puede eliminar: correr tras él/ella.

Pero sí podéis cambiar el resto del proceso. Podéis correr tras él/ella pero que al final de la carrera no obtenga tanta atención, es decir, no le miramos ni le decimos nada, le lleváis de la mano (no en brazos, pero sin ejercer demasiada fuerza ni castigo físico) hasta el parque donde recogéis las cosas y os vais a casa sin hablar con él/ella. En el caso de que existan hermanxs a ellxs sí se les explica lo que ha pasado y se les dice que no pasa nada porque en casa vamos a seguir jugando (no podemos «castigar» a lxs demás pero tampoco promover que lxs demás se enfaden con él/ella).

Al llegar a casa le decimos que ahora se va a quedar sin … (aquello en lo que habíamos quedado).

Según la edad y el carácter de cada niñx hay que calcular el tiempo que tiene que pasar castigadx, no se trata de que el/la niñx pase demasiada ansiedad o se angustie pero que sí aprenda la lección y sobretodo que vea que sois consecuentes: si decís esto después lo hacéis.

Cuando creamos que ha pasado tiempo suficiente entonces os acercáis a él/ella y le preguntáis sobre lo que ha pasado, y sobretodo recalcando que si os hubiera avisado le habríais acompañado.

El objetivo es que aprenda para las próximas veces.

Otras cosas que podéis reforzar (con palabras cariñosas, gestos de cariño, etc):

– Si corre por dentro del recinto del parque.

– Si no echa a correr en todo el tiempo que estáis allí.

– Si os dice que había pensado hacerlo pero al final no lo ha hecho.

– Si repite a otrxs niñxs lo que vosotrxs le habéis dicho al llegar al parque.

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