El niño que era infeliz porque sus padres siempre le decían que sí

Os voy a contar la historia de Hugo

Lola y Javier tienen un niño pequeño, se llama Hugo.

Desde que nació Hugo ambos han tenido que ampliar su jornada laboral porque los gastos se duplicaron en casa y esto significó que Hugo empezó a ir a la guardería desde el día siguiente que la baja de Lola terminó. Su abuela Dolores lo recoge de la guardería a medio día, le hace la comida, van al parque y  después su madre o su padre pasan a recogerlo para darle el baño, cenar y leerle un cuento en la cama.

Hoy en día y por circunstancias ajenas a nuestra voluntad la mayoría de padres y madres trabajan a jornada completa no pudiendo organizarse para encargarse ellos mismos de la crianza y educación de sus hijos que pasan la mayoría del tiempo entre la guardería (o colegio) y casa de los abuelos u otros cuidadores.

Sería injusto decir que esto sólo tiene consecuencias negativas, la verdad es que pasar tiempo en la guardería desde pequeños favorece que los niños sean más independientes y sociables, y estar con sus abuelos (tíos, etc) hace que se sientan queridos, genera fuertes lazos de unión, seguramente llevan una alimentación muy sana y un montón de cuidados extra.

Cuando Lola y Javier recogen a Hugo están muy cansados y cuando tiene rabietas la mayoría de veces ceden a lo que pide porque están agotados como para negociar y además pasan con él mucho menos tiempo del que les gustaría así que tampoco quieren que cada día el tiempo que tienen juntos los tres sea una pelea. 

"No quiero que siempre que esté conmigo estemos discutiendo o decirle a todo que no, después llego a recogerlo a casa de mi madre y no quiere venir conmigo porque sabe que en casa no puede hacer nada de las cosas que hace allí, y total, tampoco pasa nada porque un día no coma fruta"

Poco a poco los niños van aprendiendo cuáles son las reglas, los límites, las cosas que están permitidas en casa y las que no.

Pero Lola y Javier, que están preocupados por si el hecho de discutir con Hugo por las normas hará que él sienta menos apego por ellos, no conocen una información fundamental:

Poner límites y normas en casa hace que el niño se sienta seguro, que la relación de apego sea la correcta, que tenga menos estrés y que sea más feliz.

La razón por la que pasa esto es que cuando dejamos que el niño decida le damos a él toda la responsabilidad de las cosas que le pasan, como figura adulta nuestra capacidad de cuidar de él y protegerlo se tambalea a sus ojos y por lo tanto es muy posible que sienta ansiedad.

No quiere decir que debamos ser estrictos pero sí coherentes con las normas y reglas que ponemos en casa.

Decirle a todo que sí significa dejar en sus manos la responsabilidad de tomar todas las decisiones.

Y un niño no debería tener en absoluto esta responsabilidad porque es un «cargo» para el que no está preparado.

En un adulto sería como si trabajaras para una gran empresa, tuvieras un puesto de bajo rango y de pronto el jefe te cediera su puesto. No sólo te sentirías estresado/a por la falta de preparación sino que seguramente tu visión de la empresa cambiaría: ¿Qué clase de empresa permite que un empleado sin formación específica, preparación y sin haber hecho nada para promocionar  se convierta en jefe y tome todas las decisiones? Una empresa poco seria.

A veces los adultos también caemos en esta dinámica de ceder ante las demandas de nuestros hijos por una razón noble e incluso romántica: «No nos cuesta esfuerzo y le hace tan feliz…»

Por eso para su cumpleaños Hugo recibió todos los regalos que pidió, incluso aquellos que sus padres sabían de antemano que no usaría nunca, invitó a todos los amigos que quiso, etc. Después se enfadó porque sus amigos no querían jugar a lo que él había decidido y el cumpleaños terminó cuando el dijo que quería que se fueran.

Todos siempre le dicen que SÍ

Y a corto plazo Hugo siempre está contento tras recibir ese sí.

Pero la verdad es que Hugo está muy estresado, cada día tiene dos o tres rabietas porque esa es su manera de indicar qué cosas quiere y qué cosas no, pega a sus padres cuando no le dan lo que quiere porque no comprende qué razones pueden haber para que esta vez no le hagan caso, no valora los regalos que recibe porque simplemente tiene todo lo que quiere sin más esfuerzo que enfadarse o llorar. No duerme bien porque no duerme solo, tiene miedo por la noche porque se siente inseguro y siempre quiere dormir con sus padres. No le gustan los desconocidos porque no le dan confianza (no tiene una relación de apego seguro con sus padres) y en el colegio obtiene malos resultados porque todo aquello que le cuesta esfuerzo no sabe afrontarlo de forma resolutiva. Además tiene una muy baja tolerancia a la frustración por lo que cada vez que se le dice que no se siente vacío, triste, enfadado, contrariado y confuso.
Y sus padres entregados, que siempre han querido lo mejor para su hijo, no se explican cómo ha podido pasar eso, siempre han hecho todo lo que estaba en sus manos para que Hugo fuera un niño alegre, feliz, con una buena autoestima, len han dado todo lo que han podido, todo lo que a ellos les habría gustado tener.

Pero han olvidado una cosa: Decirle que no.

 

 

*Artículo relacionado: http://www.psicologadevalencia.es/tipos-de-apego-apego-seguro/

 

Publicado por

Psicóloga de Valencia

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3 comentarios sobre “El niño que era infeliz porque sus padres siempre le decían que sí”

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