Una bofetada a tiempo

"Eso se soluciona con una bofetada a tiempo"

"Este niño lo que habría necesitado es una bofetada a tiempo"

"Yo eso lo habría resuelto fácilmente con una bofetada a tiempo"

"Una bofetada a tiempo y no tendríais estos problemas con la niña"

¿Tienes hijxs?

¿Alguna vez les has dado una bofetada?

¿Alguna vez alguien te ha dicho que opina que una bofetada a tiempo resuelve muchos problemas?

¿Cuál es tu opinión?

Vamos a ver si es necesaria o no esa bofetada a tiempo.

Si llegamos a dar la bofetada es que no vamos “a tiempo”

Es paradójico que la gente hable de ello como algo que podría haber atajado un problema en el momento adecuado. Como si por no haber dado dicho tortazo ahora el niñx tuviera más problemas.

De eso nada. Si llegamos a dar la bofetada es que estamos muy a destiempo.

La bofetada significa que no hemos controlado la situación desde el principio, que lxs niñxs están en un estado de sobreexcitación, que nosotrxs estamos desbordadxs y que no sabemos cómo resolver las cosas. O todavía peor, que optamos por esa bofetada como primera opción porque pensamos realmente que es educativa.

Muchos padres/madres de ahora son hijxs de la bofetada a tiempo, de la zapatilla lanzada al aire, de los pellizcos de monja… pero ahora la psicología nos da herramientas mejores, más cariñosas y que resuelven el problema de conducta a la vez que enseñan a los niñxs autocontrol emocional y que no les hacen desconfiar de nosotrxs sino ser conscientes de que les estamos enseñando algo.

¿Por qué no funciona la bofetada?

Vamos a plantearlo como una acción con el fin de conseguir un objetivo. Veamos un ejemplo.

Ana tiene 4 años. A veces, cuando se siente frustrada porque no consigue lo que quiere grita, exige, pega o llora. Su madre trabaja muchas horas, llega cansada a casa y con poca paciencia y el momento de ir a la bañera de Ana suele ser un momento de conflicto, se enfada y se pone a golpear cosas y tirar cosas al suelo. Cuando su madre está al límite suele darle una bofetada.

¿Cuál es el objetivo de su madre? Que ella corrija su conducta.

¿Consigue el objetivo a corto plazo? Sí, porque Ana tiene miedo de que ella le haga daño otra vez y se asusta.

¿Consigue el objetivo a largo plazo? No, porque Ana no aprende a tolerar y gestionar su frustración así que arrastrará este problema hasta su vida adulta. Además aunque ahora tiene miedo de su madre eso puede cambiar cuando ella se haga mayor por lo que no sólo no responderá sometiéndose ante la bofetada sino que además, como no controla la frustración, muy probablemente responda de manera agresiva.

¿Tiene algún resultado positivo aunque no fuera el objetivo principal de su madre? No. Únicamente negativos, Ana tiene miedo a su madre, su madre no le enseña a gestionar sus emociones, y además, como pasaría con cualquier persona que nos agrede, cada vez que su madre le da una bofetada Ana se siente más distante con ella.

 

¿Cuál es la alternativa a esa “bofetada a tiempo”?

Veamos el mismo ejemplo con diferente final:

Ana tiene 3 años. A veces, cuando se siente frustrada porque no consigue lo que quiere grita, exige, pega o llora […] Cuando su madre está al límite suele darse un momento para respirar, extingue la conducta de Ana haciéndole poco caso mientras prepara el baño y la distrae con algún pretexto. Si eso no funciona y Ana está demasiado excitada le dice que si quiere le ayuda a estar más tranquila y practican juntas (por ejemplo) la Técnica de la Tortuga. Puedes ver un vídeo sobre esta técnica aquí –> https://www.youtube.com/watch?v=JXwdXxp3gKE&t=5s
Y después ponen una pegatina en su Economía de Fichas porque Ana ha parado de llorar y se ha metido en la bañera. Puedes ver un vídeo sobre esta técnica aquí –> https://www.youtube.com/watch?v=7_ea4JkhBn4&t=82s

¿Cuál es el objetivo de su madre? Que ella corrija su conducta.

¿Consigue el objetivo a corto plazo? Sí, aunque no sea tan rápido como con la bofetada.

¿Consigue el objetivo a largo plazo? Sí, y además la probabilidad de que el problema de conducta se repita es cada vez menor dado que Ana aprende a gestionar sus emociones.

¿Tiene algún resultado positivo aunque no fuera el objetivo principal de su madre? Sí, porque Ana va a confiar más en ella, va a escuchar más sus consejos y va a valorar más lo que su madre le enseña. Además se acercan más la una a la otra y sus momentos juntas al llegar a casa van a ser mejores.

 

Así que proponemos una respuesta o sustitución para esa frase de “Una bofetada a tiempo…” y es la que utilizamos nosotras en la clínica, a ver que os parece:

“Una economía de fichas a tiempo…”

 

Si dejo de hacer las cosas por si alguien me da una bofetada no es lo mismo que si dejo de hacerlas porque sé que no voy a conseguir así mis objetivos. Desarrollaré nuevas estrategias, buscaré nuevos caminos, y nunca desde el miedo.

 

 

 

 

¿Por qué está de moda la ropa sin distinción de género para niñxs?

Cada vez está llegando más a nuestro a país esta maravillosa moda de la ropa sin distinción de género para niñxs. Muchas marcas empiezan a cambiar su manera de exponer la ropa de lxs más pequeñxs dejando de diseñar según el género y sin dividir sus tiendas en sección masculina y femenina.

Vemos a más niños con pelo largo o niñas a las que no les ponen los pendientes al nacer. El mundo se mueve en la no distinción de género por la estética y esto está pasando porque tiene mucho, muchísimo, de positivo.

¿Por qué puede ser bueno utilizar ropa sin distinción de género?

  1. Cada niñx es libre.
    Como no hacemos distinción puede elegir exactamente cómo mostrarse al mundo. Nuestra ropa, peinado, zapatos, etc. son nuestra primera carta de presentación y podemos sentirnxs muy segurxs o muy insegurxs dependiendo de si vamos cómodxs y a gusto con la estética que llevamos. Esto nos pasa desde muy pequeñxs.
    Al no hacer distinción de género con la ropa podemos facilitar que lxs niñxs elijan qué ropa llevar según lo que les guste más o con lo que se sientan más segurxs.
    La distinción de la ropa según el género es algo social y no biológico, de hecho, la propia acción de vestirnos es algo propio del ser humano y que no se da en la naturaleza así que ¿por qué el rosa y las faldas para las niñas y el azul y los pantalones para los niños?
    ¿Sabías que hasta (como mínimo) los dos años de edad tu hijx no distingue si es niño o niña y que implicaciones tiene eso?
    Dado que nacemos sin ese sesgo de género puede que a un niño le guste el rosa como color o a una niña llevar pantalón y no leotardo y zapato. Si dejamos que cada niñx lleve aquello con lo que se siente cómodx y feliz desarrollará una mejor autoestima y probablemente se relacione mucho más con lxs demás porque se siente más segurx. Así también tendrá más habilidades sociales, aceptación social, etc.
  2. La forma en la que nos dirigimos a ellxs.
    Lxs adultxs nos dirigimos de manera diferente a los niños que a las niñas. Es importante fijarnos en esto e intentar cambiarlo porque eso es algo muy negativo para ambos géneros.
    Tenemos una manera diferente de tratarles, el tono de voz cambia, los piropos cambian, etc.
    A un niño le decimos cosas como “qué grande está este niño” “qué fuerte eres” “¿qué tal estás, campeón?” y los gestos son de chocar la mano, revolverle el pelo, la palmada en la espalda. Sin embargo con las niñas somos más dulces y tiernos porque las entendemos más débiles y frágiles… “qué guapa eres” “que niña tan educada” y lo acompañamos con gestos más dulces y más lentos.
    Al no vestir a lxs niñxs (sobretodo de bebés) como pertenecientes a un género concreto estamos evitando esto en el primer contacto de cualquier adultx.
  3. El desarrollo de sus capacidades.
    Imaginemos a una niña a la que le gusta subir a los toboganes más altos, correr y jugar de forma más física porque le divierte más la naturaleza y el juego en equipo como puede ser jugar a pillar o cualquier tipo de deporte.
    Pero la visten de una manera inadecuada para esto porque la visten como típicamente se viste a las niñas (falda, leotardo, zapatos, lazo, etc.).
    ¿Crees que esa niña se podrá a jugar a la pelota o intentar ganar una carrera? La respuesta es “no” dado que únicamente podrá hacerlo si le permitimos escoger qué ropa quiere ponerse. Vestida así es muy probable que no se sienta igual de segura a la hora de hacer aquello que puede hacer y además le apetece.
    Nadie en su sano juicio iría a correr una carrera con zapatos de charol, falda y un lazo.Lo mismo podemos hacer en el caso contrario, imaginemos a un niño que le gusta llevar el pelo largo, porque le gusta hacerse peinados (sabemos y aceptamos esto en los hombres adultos sin ningún tipo de problema) y sin embargo siempre le cortan el pelo porque se supone que los niños llevan el pelo corto. ¿Crees que se sentirá igual de seguro a la hora de relacionarse con los demás si se ve feo, o raro a sí mismo?

    Como adultxs siempre nos vestimos y nos peinamos de la manera que nos sentimos mejor para cada ocasión. ¿Por qué no les permitimos esto a lxs niñxs?

¿Por dónde empiezo si quiero cambiar eso en mi vida?

Los pequeños gestos y detalles cambian todo.

  • Cuando veas a una mujer embarazada no pongas el foco de atención en si va a ser niño o niña. Pregúntale por otras cosas como si ya tiene la habitación montada o, todavía mejor, cómo se encuentra ella y qué tal está llevando el embarazo.
  • Cuando veas a un niño o una niña no actúes de la manera que decíamos antes ni hagas gestos más bruscos o suaves según el género, elige cómo quieres dirigirte a lxs niñxs en general y hazlo igual con todxs.
  • No piropees a las niñas por su físico y a los niños por sus capacidades.

 

 

Recuerda: cada pequeño cambio marca una diferencia enorme para esa pequeña personita que tienes delante y que está en un momento de aprendizaje social.

 

 

 

 

 

 

 

Si te ha gustado este artículo te puede interesar nuestro vídeo sobre identidad de género:

 

 

 

 

Los grupos de WhatsApp del colegio

¿Qué está pasando con los grupos de WhatsApp del colegio de nuestrxs hijxs?

Desde el principio en la mayoría de estos grupos de WhatsApp del colegio se está haciendo un mal uso y están provocando algunos problemas. Hablemos de ello y pongamos posibles soluciones.

¿Para qué sirven en realidad?

En teoría los grupos de WhatsApp del colegio deberían servir para enviar información referente al colegio que afecta a toda la clase y de esta forma llega a todxs de manera rápida.

Por ejemplo:

 

Sin debates, sólo información.

Pero cualquiera que esté en uno de estos grupos de WhatsApp de padres y madres sabe que no se utiliza para eso sino para muchas y variadas cosas.

Su mal uso está siendo perjudicial para lxs niñxs y esa es la razón por la que muchos colegios ya se están desmarcando de este método.

¿Qué uso incorrecto se les está dando?

Tenemos de todo pero las cosas principales que se hacen y que son especialmente negativas para lxs niñxs son:

  • Hablar sobre los deberes para casa de lxs niñxs: Esto es muy negativo porque ellxs tienen que aprender a hacerse responsables de las tareas para casa y eso implica no olvidar la agenda y apuntarlo todo. Si un día olvidan la agenda deberán enfrentarse a la situación de ir a clase sin los deberes hechos y eso les hará conocer las consecuencias de no hacerse responsables de sus cosas.
    Pero los grupos de WhatsApp de padres y madres se han convertido en una manera de averiguar qué cosas ha olvidado apuntar el niñx o qué libros tiene que leer para el trimestre o cuándo son los controles de lengua.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  • Mandar fotos de lxs niñxs o de cómo han resuelto los ejercicios de deberes, etc.: Cada foto que mandas al grupo está exponiendo a tu hijx a que no sólo le vean lxs padres y madres de lxs niñxs de clase sino también sus propixs compañerxs. Puede parecer inocente pero normalmente muchxs padres y madres dejan a sus hijxs sus teléfonos para jugar o mandar mensajes y pueden acceder a las fotos que tú has mandado al grupo. Al día siguiente en el colegio puede que otrx niñx se burle de tu hijx por la foto que mandaste al grupo, porque la vio, porque alguien se la enseñó, o porque algunx de sus progenitorxs hizo una burla al recibirla.

 

  • Quejarse de profesorado o colegio: Otra manera fatal de emplear los grupos de WhatsApp de padres y madres es quejarse. Si existe una queja formal y fundamentada siempre es útil hacerla llegar directamente al profesor con quien existe ese problema o al colegio pero consensuarla con el grupo o desahogarse por el grupo no sirve para nada a nivel práctico y además genera problemas con otrxs padres/madres que pueden no opinar así.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  • Mandar imágenes o textos al grupo de WhatsApp del colegio contando cosas como qué hemos hecho con nuestrxs hijxs el fin de semana: Puede parecer que puede resultar útil para dar ideas a lxs demás padres y madres de qué hacer en el fin de semana pero no es el contexto adecuado para hacerlo. Es un grupo dedicado a cosas que conciernen al colegio.
  • Mandar consultas de tipo médico o psicológico: No sólo no sirve para nada sino que además implica de nuevo compartir intimidad del niñx y puede derivar en problemas nuevo. Además nadie va a poder resolver el problema y aunque hubiera un padre o madre médicx o psicólogx tampoco lo haría sin ver al niñx y hacer las cosas de forma adecuada.Esto puede hacer que te sientas…

Como padre o madre perteneciente a uno o más grupos de WhastApp de este tipo puede que algunas veces te sientas en el compromiso de contestar a cosas que no contestarías en otra circunstancia para no resultar antipáticx o “pasota” pero en realidad no tienes porqué hacerlo cuando no se trata de información estrictamente referente al colegio.

Cuando mandan fotos de sus hijxs disfrazadxs o cosas así nunca sé que responder porque no me gusta que me lleguen 200 mensajes pero por otro lado me sabe mal no decir nada porque todo el mundo contesta “¡está ideal!”

Además puede que también te sientas mal porque nunca hablas o aportas cosas nuevas e interesantes al grupo, cuando esto te ocurra recuerda que no se trata de aportar cosas, ese grupo no es para eso y por lo tanto si te desmarcas de eso y actúas de forma más pasiva o si abandonas el grupo no estás haciendo nada malo.

 

*Todos los mensajes que aparecen en este artículo son ficticios con la intención de ejemplificar aquello que se explica.

5 Frases que te ayudarán a enseñar inteligencia emocional a tus hijos

La inteligencia emocional es una capacidad que nos hace rendir mejor en muchísimas situaciones, tanto a nivel personal como a nivel laboral.

Sabemos que es bueno que lxs niñxs la aprendan pero ahí empieza nuestra difícil tarea como adultxs.

 

¿Cómo enseñar inteligencia emocional a lxs más pequeñxs? Veamos 5 frases que te ayudarán a enseñar inteligencia emocional.

 

  1. “Yo también me siento así a veces”
    Cuando tenemos delante a un niñx que se está sintiendo de una determinada manera y no se ve capaz de controlar bien sus emociones o no las comprende, el hecho de saber que tú como adultx de referencia también te sientes así a veces le hará sentirse con el poder de controlar las emociones, sentirse menos extrañx y ver que las emociones son algo común que también les pasa a lxs adultxs.
  2. “Las emociones no son negativas, todas las emociones valen”
    A veces tendemos a pensar, incluso lxs adultxs, que hay emociones que preferiríamos no sentir. El enfado, los nervios, la tristeza, la frustración… Son emociones que consideramos “negativas”. Pero en realidad no son las emociones las que son así sino los hechos que nos las producen o las conductas que hacemos después de sentirnos de determinada manera.
    Si reñimos a un/a niñx por una conducta que tiene como consecuencia de sentir una emoción, el/la niñx puede pensar que le estamos riñendo por cómo se siente. Es bueno enseñarle que puede sentirse de todas las maneras pero que es la conducta lo que no aprobamos.
    Un ejemplo de esto sería si se siente frustradx porque ha perdido un partido de fútbol y le pega una patada a la rueda del coche.
    A photo by Annie Spratt. unsplash.com/photos/l0AF7HI13W4
  3. “¿Cómo crees que se siente esa persona?
    Aprovecha las situaciones en las que otras personas (adultxs o niñxs) manifiestan emociones delante del niñx para enseñarle a empatizar y a conocer las emociones.
    Tener un vocabulario emocional rico le hará comprender mejor a los demás y ser más empáticx, además será más capaz de expresar sus propias emociones cuando sean complejas.
  4. “Hoy me siento … voy a hacer… para sentirme mejor”
    Cuando tú mismx te estés sintiendo de una manera concreta habla de ello con el/la niñx y enséñale cuáles son tus estrategias para sentirte mejor.
    “Hoy me siento triste porque en el trabajo me he equivocado, voy a poner música y a cantar un poco en el coche para sentirme mejor” y lo harías perfecto si añades un “¿cantas conmigo?” para hacerle partícipe de tu bienestar.cw32bxq5jfo-marco-ceschi
  5. Eso que has dicho/hecho me ha hecho sentir muy bien
    Cuando el/la peque haga o diga algo que te haga sentir feliz, orgullosx, etc. no dejes pasar la ocasión de decírselo para hacerle ver cómo las cosas que hace pueden repercutir positivamente en las emociones de los demás.
    “Cuando me das besos con abrazo me siento muy feliz”

Lxs niñxs son observadorxs, tienen ganas de aprender y lo hacen escuchando a lxs adultxs. Aprovecha la oportunidad porque es única.

 

A photo by Jakub Kriz. unsplash.com/photos/oZn9nTbECnc

“Malas madres”

Este artículo está escrito en femenino porque incluye el proceso de embarazo y hay un porcentaje muy bajo de *población masculina gestante, pero es aplicable también a los padres gestantes y a las madres no gestantes.

*Población masculina gestante: hombre transgénero que conserva sus órganos femeninos necesarios para poder gestar y que toma la decisión de hacerlo.

Parece que únicamente existan dos opciones las buenas y las malas madres.

En este artículo vamos a ayudarte a liberarte de esas sensaciones negativas que derivan del término “malas madres” y que te permitas errar pero también mejores cada día.

¿Por qué parece que al ser madre sólo se te permite sentir amor, calidez, ternura y absoluta felicidad? ¿Acaso dejas de ser un ser humano después de ser madre?

Hace tiempo una chica me dijo “Ser madre me supera, es una tarea demasiado importante para mi, creo que me equivoqué al elegir este camino”

Y no, no tenía depresión post parto, no era una mala madre, no era demasiado mayor ni demasiado joven, no tenía ninguna característica especial. Era una mujer como otra mujer cualquiera. Todo estadísticamente normal. Quizá por eso pensó así. Porque ES NORMAL DUDAR.

Ser madre es un proceso que empieza con una transformación física y emocional. Y entonces empieza a pasar que la gente saluda a tu barriga antes que a ti, pregunta por “el embarazo” en lugar de preguntar por ti (tu trabajo, tus cosas del día a día, tu pareja…)

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Ser madre es la decisión más radical que tomarás en la vida. Y no tiene vuelta atrás así que… ¿Cómo no ibas a dudar de si es la decisión correcta?

Además como ya te habrán dicho no viene con un manual para saber cómo hacer las cosas para que todo funcione bien. Hagas lo que hagas siempre habrá alguien dispuesto a darte un consejo diferente “Pues yo hice esto con mi hijo y me fue genial”

No te asustes si piensas cosas como “¿Tomé la decisión correcta?”  

Te contaré un secreto: todas las madres y todos los padres lo piensan en algún momento, pero nadie lo dice en voz alta.

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Ser madre es la decisión más radical que tomarás en la vida. Y no tiene vuelta atrás.

Además se añade algo…

¿Dónde está la que tú eras antes de ser madre?

En mi artículo “Embarazo y autoestima” hablo sobre qué cosas pueden ayudarte a sentirte mejor durante este periodo.

Embarazo y autoestima

Pero como sabrás, hayas sido o no gestante, después de eso viene todo lo demás. Un/a bebé, un/a niñx, un/a adolescente… quitan tiempo, quitan energía y suponen preocupaciones.

Dan un millón de cosas positivas, innumerables, inmensurables pero… también algunas negativas que no es de ser mala madre ni mal padre que se pasen de vez en cuando por la cabeza.

¿Cómo lo resuelvo si me encuentro en uno de esos momentos en los que ser madre me supera?

El problema principal es que dado que es algo que no se suele compartir con lxs demás pasas a sentirte mal por dos cosas:

  1. El problema principal y concreto con la maternidad en ese momento que te hace sentir mal.
  2. El problema añadido de sentirte culpable porque hay una pequeña parte de ti que duda de la decisión que tomaste de ser madre.

La segunda influye mucho en la primera porque si te estás sintiendo culpable pierdes la capacidad de ser objetiva con lo que está ocurriendo, sacas el foco analítico de la situación para ponerlo en ti misma.

Además puedes quedarte rumiando ese pensamiento durante mucho mucho tiempo y cada vuelta que le das más grave y feo parece y más mala madre te sientes. Es un círculo vicioso.

Para resolverlo hay que empezar por el final. El punto 2 es el primero. Deja de sentirte culpable. Ya hemos visto que lo que te pasa es normal, es un pensamiento fugaz, temporal y que después queda disipado por un montón de cosas positivas. Cuanto más importancia le des más se instala y más problemático parece.

En cuanto al problema que te está haciendo sentir mal, lo primero que tienes que hacer es tratar de definirlo teniendo en cuenta los siguientes puntos:

  • ¿Se trata de un problema que tengo yo a nivel personal o de pareja o es un problema de mi/s hijxs? Por ejemplo, no vamos a buscar una solución igual si el problema es que no sabes cómo manejar una rabieta que si lo que ocurre es que el colecho ha derivado en un problema de pareja.
  • Si es un problema propio, ¿he hecho todo lo posible para resolverlo? Si la respuesta es sí y el problema sigue ahí entonces quizá sea el momento de buscar ayuda profesional. Si la respuesta es no, entonces hay que ponerse a buscar soluciones.
  • Si es un problema del niñx hay que tener en cuenta el tiempo que hace que está sucediendo lo que nos está inquietando.
    Si por ejemplo le está costando adaptarse al inicio del colegio y hace un par de semanas que ha empezado las clases no debemos alarmarnos. Si han pasado dos meses lo mejor es empezar a poner soluciones.
    Además de la variable tiempo hay que tener en cuenta también la variable intensidad. Hay problemas que son problemas precisamente por su intensidad, volviendo al ejemplo de las rabietas, no es igual una rabieta en la que el niño llora intensamente que una en la que el niño se golpea a sí mismo. La intensidad es un indicador de que hay que buscar soluciones.
  • ¿Y si no hay ningún problema y es que estás sometida a mucha presión por las RRSS? Cada vez ocurre más que la presión de ver en redes sociales todo lo que se supone que hay que hacer o lo que se supone que otras personas hacen puede hacer que sientas que estás haciendo las cosas mal. Recuerda, cada niñx es diferente y nada de lo que hay en redes es real. Te dejo un vídeo que hice sobre ese tema.

 

En cualquier caso y como conclusión, las situaciones cambian y se resuelven pero si te estás culpando por dudar de si tomaste la decisión correcta al elegir ser madre simplemente te quedarás asustada y anclada en una situación que no te gusta.

 

Permítete dudar, permítete equivocarte y corregir los errores. No te juzgues. Recuerda que has tomado la decisión más valiente y los valientes también tienen miedo.

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Miedos infantiles, niños con miedo a dormir solos

Miedos infantiles…

Pongámonos en situación:

Desde que Eva aprendió a dormir en su cama sus padres todas las noches la acompañan hasta que coge el sueño leyéndole un cuento. Han decidido que ha llegado el momento de que Eva se duerma sola sin necesidad de que ellos estén al lado de su cama y entonces ha aparecido un problema con el que no contaban… Les llama varias veces pidiéndoles agua, les pide que dejen encendida la luz del pasillo, se levanta varias veces al baño, etc. 

Lo primero que tenemos que hacer es preguntarnos…

¿ES MIEDO O ES FALTA DE HÁBITO?

No debemos suponer que nuestrx hijx tiene miedo a la oscuridad si no nos lo ha dicho de forma directa o si no hemos descartado varias cosas antes.

La primera que tenemos que tener en cuenta es que cabe la posibilidad de que sea simplemente un problema de falta de hábitos, quizá simplemente tiene que conseguir aprender a dormir sin la compañía de otra persona o sin la narración que le hacía dormirse.

Algo que nos ayudará a distinguirlo es que cuando se trata de una falta de hábito normalmente no aparece la ansiedad y no reclaman nuestra compañía constantemente. Le puede costar coger el sueño pero se mantiene en la cama y no se muestra nerviosx (sudor, temblor, llanto…)

MIEDOS PASAJEROS

Algo que también puede ocurrir es que tenga algunos miedos propios de su edad y que sea eso lo le hace estar intranquilx. Estos miedos infantiles son pasajeros.

Por ejemplo, si nos llama pero se conforma con que le contestemos desde otra habitación puede que lo haga para comprobar que estamos ahí y que no nos hemos ido.

Si ha visto alguna película donde ocurren cosas por la noche, o incluso la noche de reyes a ciertas edades, porque se supone que entran en casa y puede ser que eso le haga sentir indefenso y le asuste.

El miedo a la oscuridad, pueden pensar que va a aparecer un monstruo o un animal en su habitación …

En el caso de estos miedos suelen ser miedos típicos de la infancia por lo que no deberían preocuparnos a no ser que se prolonguen durante demasiado tiempo.

 

¿CUÁNDO DEBEMOS BUSCAR AYUDA?

El momento en que debemos buscar ayuda es cuando vemos que el miedo es constante en intensidad durante mucho tiempo.

Además si vemos que nuestrx hijx pasa demasiada ansiedad que está impidiéndole dormir las horas necesarias o que acaba durmiendo porque lo pasamos a nuestra cama o buscamos otras soluciones que no sean que duerma solx.

Y por supuesto si vemos que empieza a extenderse a diferentes áreas más allá de la noche como por ejemplo pasar solx por el pasillo o ir a ciertas partes de la casa solx aunque sea de día.

 

¿POR QUÉ IR AL CINE CON MIS HIJOS A VER DEL REVÉS?

Del revés

Este pasado fin de semana he tenido la ocasión de ir a ver acompañada de una niña pequeña (y cuatro adultos) la última película de Disney Pixar, “Del revés” y me he propuesto hacer una lista breve y concisa de las razones por las que es una película interesante para los niños más allá del interés intrínseco que tiene cualquier película familiar.

 

 

  • Las emociones son las protagonistas: Se les pone cara a las emociones por lo que los niños dejan de verlas como algo abstracto. Está claro que las emociones son algo abstracto pero, los conceptos abstractos son complicados de entender para los niños de ciertas edades por lo que algo tan sencillo como dotarles de cuerpo, forma, movimiento y personalidad hará que sea mucho más fácil para ellos encontrarles sentido.
  • Todos tienen emociones: Aunque la protagonista es una niña (esto hace que los niños se identifiquen mucho mejor con ella y por lo tanto que sean más empáticos) todos los adultos de la película tienen las mismas emociones que ella. A menudo para los niños es complicado imaginar qué es lo que sienten y saber que los adultos sienten las mismas cosas que ellos hace que sea más fácil para ellos compartir sus emociones sin miedo a ser rechazados. ¡Incluso los animales las tienen!
  • No hay emociones negativas: Todas las emociones tienen un sentido, una tarea y un momento. Todas son adecuadas y nos ayudan a mejorar, aprender y desarrollarnos. Eso queda muy claro sobretodo al final de la película donde se ve que no sólo la emoción de “Alegría” que es la que se considera positiva es la buena, todas las demás son tan adecuadas como esa. Sentirse triste, enfadado, etc. no es malo.
  • Las emociones ayudan a memorizar: Todos los recuerdos que pasan a ese gran almacén de “largo plazo” están coloreados de diferentes emociones. Aquellos que están grises y sin emoción se eliminan y pasan al olvido. Está demostrado científicamente que aquellos acontecimientos que nos produjeron alguna emoción intensa los recordaremos mejor en un futuro.
  • Existen emociones en todas las áreas de nuestra vida: La protagonista es una gran aficionada al Hokey sobre hielo y esta actividad está tan cargada de emociones para ella como lo está jugar con su padre a hacer tonterías o pasar tiempo con sus amigas. Cada una de las cosas que hacemos nos produce una emoción más o menos intensa.
  • Aquello que nos asusta a veces nos puede ayudar a crecer si en lugar de evitarlo lo enfrentamos. Además, si lo hacemos en equipo y compartimos con los demás lo que nos está ocurriendo ellos sabrán como ayudarnos.
  • Empatía: los seres humanos tenemos esta excelente capacidad que nos ayuda a acercarnos a los demás y a comprender cómo se sienten.

 

 

 

Lo perfecto sería que si los niños no entienden algo y nos preguntan nosotros, teniendo todos estos conocimientos, aprovechemos la situación para explicarles las cosas. Y además que al terminar de verla recordemos ejemplos en los que nosotros como adultos hemos experimentado algunas de estas emociones y después les preguntemos a ellos o les recordemos a ellos situaciones en las que se sintieron así.

 

 

 

 

Mi hijo pega

Mi hijo pega es una frase que muchas veces se oye en la clínica, o bien porque pega a sus hermanos, a otros niños o incluso a sus padres. Vamos a ver que cosas podemos cambiar como adultos para acabar con esta situación. Estos 5 consejos también son aplicables con cualquier otra conducta violenta como morder, estirar del pelo, etc. siempre y cuando hablamos de niños y no de adolescentes ni pre-adolescentes.

Muchas veces los niños pequeños “retan” a los adultos o los ponen a prueba llegando incluso a estos extremos, *también hay ocasiones en las que la conducta de pegar está integrada en una rabieta.

Veamos qué cosas podemos cambiar para erradicar esta conducta.

  1. No responder con la misma conducta.
    Parece algo básico pero es importante recalcar que NUNCA se debe golpear a un niño y menos con la intención de que él pare de hacerlo. Es posible que consigamos nuestro objetivo a corto plazo (aunque tampoco es seguro) pero estamos cometiendo dos errores: Educar en la no-agresividad siendo agresivos y educar en el miedo. Es decir, le estamos enseñando que la agresividad funciona para conseguir nuestros objetivos cuando lo que queríamos era enseñarle que no debe hacerlo, y además sólo nos obedece porque nos teme.
  2. Todos de acuerdo en dónde está el límite.
    Si las personas que viven en casa (imaginemos que sea la pareja y la abuela) tienen diferente forma de medir el límite permitido estamos enviando señales contradictorias al niño. Por ejemplo: el padre pone el límite cuando el niño llega a pegar, la madre cuando levanta la mano y la abuela no pone ningún límite. No estamos de acuerdo en qué queremos enseñarle y dejamos una amplia gama de conductas sin corregir.
  3. Todos de acuerdo con el “castigo”.
    Una vez establecemos dónde está el límite tenemos que llegar a un acuerdo con cuál va a ser el “castigo” para el niño. Lo más recomendado siempre es el llamado “Tiempo fuera”, dependiendo de la edad del niño se le obliga a salir de la dinámica de juego y a esperar como espectador o se le manda fuera de la escena de juego (por ejemplo a una parte de la casa donde no pueda jugar).
  4. Aplicar refuerzos en las conductas incompatibles.
    Esto significa que cuando el niño está en una de las situaciones en las que normalmente pegaría y no lo hace tenemos que hacerle ver que nos damos cuenta de que se contiene y premiarle por eso, o bien felicitándole (“Te estás portando muy bien y mamá/papá está muy contenta/o”) o bien con cariño si creemos que va a ser mejor dependiendo del tipo de niño.
  5. Ser constante.
    Estemos donde estemos y sea cual sea la situación no podemos dejar pasar la conducta que hemos marcado como intolerable. Aunque para nosotros como padres resulte incómodo o fastidioso tener que irnos de un sitio o tener que castigar con el tiempo fuera al niño. Si aparece la conducta hay que ser constantes. Además no hay que olvidar ser constantes en premiar al niño cuando no aparece la conducta, esto es más difícil porque llama menos nuestra atención pero es tan importante como lo anterior.

 
*En el caso de la conducta de pegar esté integrada en una rabieta lo mejor es consultar con un profesional que evalúe bien cómo se da dicha conducta y hacia quién o quienes (a veces lo hacen hacia ellos mismos) y después de evaluarlo nos indique exactamente qué hacer en ese caso concreto.

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Mi hijo pequeño sale corriendo de repente

Es una conducta tan frecuente como peligrosa que se suele dar en niños pequeños que tienen la autonomía para ser capaces de correr relativamente rápido pero aún no son conscientes del peligro de cruzar una carretera.

 

Lo primero que vamos a intentar comprender son sus razones para hacerlo, normalmente son dos:

 

  1. El propio placer de correr: sobretodo cuando están empezando a sentirse autónomos, les da sensación de libertad, además quema energía que muchos niños tienen más que de sobra. A veces incluso es una manera de competir con otros cuando se trata de llegar primero a un sitio con tal de recuperar algo (un balón) o de coger algo que ellos han visto primero (una flor bonita). El principal problema que tenemos con esto es que los padres difícilmente podemos adelantarnos siempre tanto a todo lo que nuestro hijo quiere y por tanto es fácil que nos “pille descuidados” o incluso sentados cuando echa a correr.
    2. Refuerzo Positivo: En alguna ocasión ya hemos nombrado este refuerzo pero para los que no se acuerden el refuerzo positivo sería el beneficio que uno obtiene después de emitir una conducta. En el caso del niño que corre de momento hay un beneficio asegurado: Mi padre o madre corre detrás de mi. Para el niño – recordemos que aún no es consciente del peligro- el hecho de que sus padres corran tras él es una manera de introducirlos en el juego, algo divertido. Además de eso obtiene generalmente otro refuerzo positivo: la atención. Mientras nosotros pensamos que le estamos castigando sentándolo a nuestro lado o sujetándolo en realidad para él le estamos dando atención y un lugar privilegiado, ha aprendido que echar a correr es una manera de obtener la plena atención de sus padres que asustados lo sostienen en brazos durante el resto del tiempo que queda de parque.

Así pues el proceso en la cabeza del niño, utilizando un ejemplo, sería:

Veo algo que me gusta y corro hacia eso, entonces me doy cuenta de que mi madre está corriendo para cogerme y me siento el centro de atención entonces intento correr más para que no me coja porque me gusta jugar a eso con mi madre. Cuando me coge me riñe, me dice que está mal lo que he hecho pero todo eso no me importa porque mientras lo hace o bien me lleva de la mano o bien en brazos y eso me gusta, además cuando llegamos la zona del parque me sienta en sus piernas y me dice que no me voy a mover de ahí en toda la tarde ¡Me encanta!

 

El proceso en la cabeza de la madre en  este caso sería:

Ya va a cruzar otra vez la calle, corro tras él, debería reñirle y explicarle lo peligroso que es porque un día puede pasar algo. Como estamos con más gente o con alguno de sus hermanos nos quedamos más rato en el parque pero él ya no va a jugar con los demás así que lo sujeto en brazos y me aseguro de que está castigado y también de que no vuelve a irse corriendo.

 

¿CÓMO CAMBIAMOS LA DINÁMICA?

Lo primero: Al llegar al parque le explicamos que si quiere salir del la zona del parque (si es necesario le podemos explicar explícitamente dónde están los límites) se tiene que acercar a donde estamos y nosotros le acompañamos a donde quiera ir (ponemos el refuerzo positivo en la conducta de avisarnos) pero que si sale él sólo de esa zona nos iremos directamente a casa y estará castigado sin… (algo que normalmente hace al volver a casa y le gusta hacer, por ejemplo: ver Peppa Pig). Nos aseguramos de que nos ha comprendido, pidiéndole que nos lo repita, y si es muy pequeño que nos repita la consecuencia.

En el caso de que se acerque en el algún momento para pedirnos que le acompañemos fuera lo hacemos siendo especialmente cariñosos, amorosos y sonrientes. Esto le hará ver que si nos avisa obtiene mucho más que si corre.

 

En el caso de que a pesar de ello salga corriendo hay una parte del refuerzo positivo que en este caso no podemos eliminar: correr tras el niño.

Manteniendo esa parte sí podemos cambiar el resto del proceso. Podemos correr tras él pero que al final de la carrera no obtenga tanta atención, es decir, no le miramos ni le decimos nada, le llevamos de la mano (no en brazos) hasta el parque donde recogemos las cosas y nos vamos a casa sin hablar con él. En el caso de que existan hermanos a ellos sí les explicamos lo que ha pasado y les decimos que no pasa nada porque en casa vamos a seguir jugando (no podemos “castigar” a los demás por la conducta de uno).

 

Al llegar a casa le decimos que ahora se va a quedar sin … (aquello en lo que habíamos quedado).

Otra opción si existen hermanos es hacerle quedarse sentado mientras nosotros jugamos con el hermano como le habíamos dicho.

Según la edad y el carácter de cada niño hay que calcular el tiempo que tiene que pasar castigado, no se trata de que el niño pase demasiada ansiedad o se angustie pero que sí aprenda la lección y sobretodo que vea que somos consecuentes: si decimos esto después lo hacemos.

Cuando creamos que ha pasado tiempo suficiente entonces nos acercamos a él y le preguntamos sobre lo que ha pasado, y sobretodo recalcamos que si nos hubiera avisado le habríamos acompañado.

 

Otras cosas que podemos reforzar (con palabras cariñosas, gestos de cariño, etc):

– Si corre por dentro del recinto del parque.

– Si no echa a correr en todo el tiempo que estamos allí.

– Si nos dice que había pensado hacerlo pero al final no lo ha hecho.

– Si repite a otros niños lo que nosotros le hemos dicho al llegar al parque.

 

 

 

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