De qué me sirve perdonar

Vimos anteayer en las noticias que era  el aniversario del descarrilamiento del tren Alvia ocurrido a la entrada de Santiago en 2013. Se cumplían 4 años.

Esto nos ha hecho  pensar en las víctimas de estas y otras tragedias debidas a fallos humanos o terrorismo y cómo se puede llegar a vivir habiendo tenido una experiencia como esa.

Solemos pensar en un primer momento, tanto en  estas ocasiones como en ofensas o daños individuales, “El que la haga que la pague”

Parece algo justo. Si nos hacen daño, que sufran también y como mínimo lo mismo que estamos sufriendo nosotros.

Sin embargo, y paradójicamente, si queremos devolver el daño para sentirnos mejor, lo primero que tendremos que hacer es pensar todo el tiempo en  la ofensa y el dolor que nos han hecho pasar, no queremos olvidarlos porque si lo hiciéramos no podríamos conseguir nuestro objetivo: que lo paguen.

A lo que nos llevaría esto es a sentir  el dolor una y otra vez y por lo tanto a no dejar de sufrir. Estaríamos,  alimentando el sufrimiento, engordándolo cada vez más y prolongándolo en el tiempo. A todo esto, además, habría que unirle el no  permitirnos desprendernos de la idea de que somos víctimas y eso es algo que nos debilita y nos hace vulnerables ya que  nos vinculamos  al pasado y nos  impedimos  seguir adelante y volver a ocuparnos de nuestra vida.

Nosotros nos envenenamos de rencor y el ofensor ni se entera.

¿Qué podemos  hacer entonces para superar esa experiencia y ese dolor?

Sin duda: perdonar.

Alguien podría responder “Pero de qué me sirve perdonar” 

Aunque para algunos sea perdonar lo imperdonable, y el “no  perdón” parezca lo más coherente.

Perdonar no es fácil, y en ocasiones resulta muy difícil. Es más fácil, por ejemplo, cuando no hay intención en el daño, cuando no es muy grande la ofensa, cuando  aprendiste a hacerlo de niño o cuando te piden perdón, pero esto no siempre ocurre.

Os vamos a dejar algunas características del perdón desde el punto de vista psicológico que pueden clarificar falsas creencias respecto a lo que significa perdonar, que esperamos os ayuden a contemplar esta posibilidad si el rencor se está haciendo presente en vuestra vida. Y comprobar que realmente sí sirve perdonar.

  • Perdonar es un acto voluntario e íntimo. No se exige.
  • Se hace por uno mismo, no por el otro. Es elegirte a ti, elegir seguir adelante y dejar de sufrir por algo que no puedes cambiar.
  • Si la ofensa es un delito, perdonar no significa no desear que el ofensor cumpla su condena frente a la justicia.
  • Se puede perdonar a solas. No hace falta que nos lo pidan y no necesitamos decirlo a la otra persona si no queremos, o si ya no tenemos posibilidad de tener contacto con dicha persona.
  • El perdón no hace que se olvide lo ocurrido.

No tenemos la capacidad de olvidar voluntariamente ni de eliminar los recuerdos pero si de recordar sin rencor.

  • Perdonar no significa volver a relacionarte con esa persona si no quieres, puedes redefinir tu relación con ella o incluso apartarla de tu vida para siempre.
  • El sufrimiento y la maldad forman parte de la vida y perdonar significa aceptarlo.
  • Eliminas la tensión, el insomnio, el dolor de cabeza…Recuperas la tranquilidad y mejoras tu salud.
  • Perdonar es aprender que el sufrimiento no sirve para nada, no tiene beneficios, cero.
  • El rencor lleva al odio y el odio a la venganza. Eso se vuelve contra ti. Podemos llegar a auto-despreciarnos, y vivir insatisfechos de espaldas a la vida  por ello, si perdonas vives de frente, te enorgulleces y aumenta la alegría de vivir.
  • Perdonar te ayuda a valorar cuando te perdonan a ti.
  • Cuando aprendemos a perdonar también somos más tolerantes con nuestros propios errores. Aprendemos a perdonarnos, a ser condescendientes con nosotros mismos.
  • Quienes perdonan aumentan el control sobre su vida, cerramos el pasado, hacemos las paces con él  y abrimos el futuro.
  • Cuando perdonas te conviertes en  un ejemplo para los demás enseñándoles que es posible.

 

Los límites los ha cruzado el otro, pero el perdón es cosa tuya.

 

 

Me enfado por todo

¿Qué es esto de “me enfado por todo”?

"Me enfado por todo. Si llego tarde me enfado, si me pitan me enfado, si mi hijo llora me enfado, si llueve me enfado, si me llaman por teléfono y no puedo cogerlo me enfado, si me tropiezo me enfado, si se rompe el asa de la bolsa de la compra me enfado, si alguien me dice que hago algo mal me enfado, si me suena la alarma me enfado, si salgo de la ducha y no está la toalla me enfado, si me llama mi madre por teléfono me enfado..."

Todxs lxs superhéroes y superheroínas necesitan sus superpoderes cuando van a luchar, entonces es cuando se ponen su traje.

A nosotrxs también nos pasa

Nos referimos a que cuando nos enfadamos también nuestro cuerpo se transforma, nuestro “traje” son todos los cambios que vienen a continuación.

Involuntariamente nos tensamos, generamos energía, calor, se nos acelera el corazón, la respiración y el pulso.

Eso nos ayuda a darnos cuenta de nuestra disconformidad. Nos avisa, por ejemplo, ante una situación que no nos parece justa, ante algo que no podemos conseguir, ante algo que no nos dan y creemos merecer, también nos ayuda a exponer nuestro criterio en una discusión si no estamos de acuerdo…

El enfado también nos sirve para poder decirle a los demás cómo somos, lo que no nos gusta, donde están nuestros  límites.

Pero empezamos a tener problemas…

  • Cuando el enfado habla por nosotrxs. Ahí ya hemos perdido el control y lo que queremos es ganar sí o sí, en la situación que sea y como sea. Imponemos nuestra voluntad sin contemplaciones, ya no hay vuelta atrás.
  •  Cuando no sabemos discriminar lo importante, lo que realmente nos molesta y “me enfado por todo”. ¿Realmente me molesta tanto? ¿Se va a volver a repetir o es posible que no ocurra más? Si no filtramos, cada vez nos enfadaremos más y nos durará más tiempo.
  • Cuando pensamos mal. Todo lo que pensamos tiene unida una consecuencia emocional, si pensamos mejor regularemos mejor nuestras emociones y actuaremos mejor.

SI TODO ESTO OCURRE, ENTONCES ATACAMOS Y NOS PONEMOS EL TRAJE DE PELEAR.

Cuando atacamos estamos siendo violentxs. Subimos el volumen de la voz o no hablamos, nos aproximamos al otro, insultamos, amenazamos, no los miramos, hacemos ruido, pegamos portazos…

Lxs demás se alejan de nosotrxs, porque les hacemos daño, los herimos y poco a poco, aunque consigamos lo que queremos, nos vamos quedando solxs y nos sentimos mal.  Atacar no funciona.

La buena noticia es que podemos responder de otra manera.

No somos violentxs, nos comportamos de manera violenta.

 Para evitarlo :

  • Escucha tu cuerpo y aprende a calmarlo, respira, aplica técnicas de relajación y ten cuidado con los excitantes y el alcohol. Redúcelos o elimínalos.
  • Piensa sobre lo que despertó tu malestar. Evalúa el dolor que te provoca y valóralo de una manera racional, seguro que no es algo tan peligroso como crees y hay otra manera de combatirlo que no sea con agresividad
    Por ejemplo en lugar de “Hoy Pepe me quiere fastidiar el día” podríamos pensar   “Hoy parece que Pepe tiene un mal día “ ¿A qué  no te enfada tanto?
  • Utiliza el sentido del humor, ayuda a restar severidad a las cosas.
    Siguiendo con el ejemplo  “Pepe hoy estas sembrao , entre tú y yo hoy que corra el aire “
  • Resuelve los malentendidos pronto, el rencor y el resentimiento envenenan y llevan al odio. Aprende a comunicarte mejor y  analiza las equivocaciones e intenta corregirlas para la próxima vez
    “Pepe, me gustaría hablar de lo de antes, me he puesto un poco nervioso ¿Quedamos a la salida? ¿Puedes?, vale genial, luego nos vemos. Hasta luego”
  • Ve despacio, así  le comunicas a tu cerebro que todo va bien, favoreces la disminución de la activación fisiológica  y eso ayuda a pensar y a actuar mejor. Levántate con más tiempo, desayuna tranquilx, conduce despacio hacia el trabajo…
  • Escucha a lxs demás, demuéstrales que escuchas e intenta entenderlos. Todxs somos distintxs, nos gustan cosas distintas y opinamos de maneras diferentes pero no por eso lxs demás están equivocadxs y yo no.
  • No te catalogues como violentx, date permiso para cambiar.
  • Si te  piden opinión o consejo hazlo con tacto, la sinceridad mal entendida hiere
    “Pepe estoy seguro que  podrías mejorar eso” en lugar de “Eso que has hecho es una chapuza”
  • Cambia el contexto si es el causante de tu enfado y depende de ti. Si Pepe te hace la vida imposible y puedes dejar de verlo, hazlo.

 No olvides que…

PODEMOS EXPRESAR NUESTRA DISCONFORMIDAD DE MANERA NO VIOLENTA , QUE LA VIOLENCIA SÓLO ES RESPONSABILIDAD DE QUIEN LA EJERCE Y QUE SUS EFECTOS DURAN MUCHO MÁS TIEMPO DEL QUE DURA SU EJECUCIÓN.

 

 

 

 

5 pasos para dejar de discutir con tu pareja

Discutir con tu pareja es algo que ocurre a veces pero no tiene que convertirse necesariamente en un problema, veamos cómo podemos controlar esta situación.

Imagina esta situación:

Marta y Pablo son pareja desde hace 6 años, hace 2 que viven juntos. Hoy, antes de que Marta saliera hacia el trabajo Pablo le ha pedido que al volver pasara por el supermercado para comprar una barra de pan, aceite y papel de cocina.

Son las 14,15h, Marta entra por la puerta de casa. Llega sin las cosas porque se ha retrasado en el trabajo y no le ha dado tiempo. Pablo le pregunta si las ha traído y ella responde que no, antes de darse cuenta están gritándose y discutiendo sobre las vacaciones de 2010 cuando ella le dijo algo negativo a él sobre su mejor amigo.

 

¿CÓMO PERDEMOS EL CONTROL EN UNA DISCUSIÓN?

Una discusión es como un camino por el que vamos caminando con otra persona, existen dos posibilidades:

  • Hacer el camino sin subidas bruscas: Mantenemos la calma, ambas partes exponen su opinión desde el respeto y donde estamos libres de los pensamientos negativos y prejuicios que nos hacen interpretar las situaciones negativamente.
  • Hacer el camino como una escalada donde cada uno sube cada vez más arriba: En este caso lo que nos empieza a ocurrir es que de cada cosa que dice el otro hacemos una interpretación subjetiva que además nos enfada y respondemos seguramente atacando por lo que el otro hará también una interpretación subjetiva de este ataque y así sucesivamente.

 

¿CÓMO SE PUEDE PREVENIR ESTO?

 

 

  1. Antes de interpretar pregunta: En el caso que hemos visto, es muy posible que él cuando ella llega sin las cosas piense “ya se ha olvidado de comprar lo que le he pedido, como siempre” y que le diga a ella algo muy parecido sin haberse detenido a preguntar cuál es la verdadera razón por la que no las ha traído. Solemos pensar aquello que creemos más probable pero eso nos significa que sea necesariamente cierto, además corremos el riesgo de ofender al otro.
    Habría sido mucho más acertado decir algo así como: “Veo que no traes las bolsas, ¿qué ha pasado?”
  2. Si el otro dice algo que te resulta ofensivo, en lugar de defenderte atacando, házselo saber: Volviendo a la situación, es posible que ella ante la frase de “Se te ha olvidado traer eso, como te pasa siempre” responda algo como “siempre estás igual, pensando mal de mi… yo creo que el problema lo tienes tú pensando así de los demás”
    Sin embargo sería mejor decir: “Que pienses que se me ha olvidado me ofende, la verdad es que he salido muy tarde del trabajo y estaba cerrado”
  3. No saques temas pasados: Antes de decirlo piensa “¿Decir esto ahora resulta útil para algo?” Si la respuesta que te das a ti mism@ es “no”, entonces no lo digas, porque es iniciar un nuevo tema de discusión y dar razones al otro para pensar que le estás atacando.
  4. No te adelantes: dale al otro la posibilidad de rectificar, no leas la mente. Si le dices “Seguro que ahora me dirás lo de…”  entonces le estás trasmitiendo que crees que quiere discutir y puede que se sienta ofendido.
  5. Si te has equivocado reconócelo y termina con la discusión. A veces nos cerramos en banda con algo y aunque en un momento determinado de la conversación nos damos cuenta de que nos estábamos equivocando no rectificamos porque creemos que eso sería rebajarnos o darle la razón al otro, pero entonces estamos manteniendo una discusión sin ningún sentido, además reconocer que nos equivocamos es positivo porque nos ayuda a crecer y aprender (incluso aprender del otro).

 

 

 

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