RESIGNACIÓN


La resignación es quedarnos en «lo que pudo haber sido y no fue» y aguantarnos.

La capacidad de aguante, de sacrificio, el conformismo, la hemos aprendido. Nadie nacemos con la resignación incorporada.

Se nos enseña porque se considera una actitud necesaria para la vida o incluso digna de admiración en muchos casos. «No digas, no hagas, aguanta y calla» o bien «pelea y no te rindas» .

Al final es lo mismo, tanto la resignación como la pelea llevan por distintos caminos a la incapacidad y a la frustración. Es decir, a quedarnos paradxs.

Si creo que soy incapaz no haré nada y si estoy frustradx tampoco, solo quejarme y llenarme de rabia e impotencia que para el caso es lo mismo.

Vivir encadenadx y bloqueadx, ver la vida pasar por tu lado pero no poder meterte dentro.

Y así aparece la fatalidad, la imposibilidad de cambio, la soledad , el miedo a no poder asumir la responsabilidad de nuestra vida, la indefensión, la tristeza.

Y cuando todas estas cosas se instalan en nuestra vida somos infelices y la infelicidad trae más resignación y más frustración.

Pero vivir es seguir adelante, luego esa solución no nos sirve.

¿Qué hacemos entonces? ¿Cómo se llevan esas situaciones complicadas si no nos resignamos o peleamos hasta el final?

Pues la solución pasa por aprender a reconocer y aceptar que es posible que no siempre las cosas salgan como queremos o que a veces pasan cosas que no queremos que pasen. Si lo sé y lo acepto, aunque me moleste, le daré cabida, no lucharé contra ello, no me pillará desprevenidx y podré hacerme cargo de la situación elaborando mi plan B.

Por ejemplo :
Si me ponen dos exámenes el mismo día y no contaba con ello puedo entonar el "pobre de mí" a pleno pulmón y quejarme sin tregua. O bien, con el disgusto encima, intentar elaborar mi plan B. Mirar si me da tiempo a presentarme a ambas, decidir dejarme una, hablar con mis compañerxs y hacer una petición de cambio de fecha a unx de lxs profesorxs.

No me resigno, lo acepto y me permito la posibilidad de hacer algo al respecto para salir lo más airosx posible de esa situación que no me gusta .

Y así aparece la responsabilidad, el esfuerzo, la capacidad de cambio, la implicación, la esperanza, la tranquilidad y el bienestar.

Y cuando esas cosas aparecen en nuestra vida nos sentimos bien.

Seguro que estás pensando que hay cosas mucho más difíciles de aceptar que el hecho de que te pongan dos exámenes el mismo día, y eso es verdad.

La muerte, por ejemplo, la enfermedad, hacerme mayor, que un amigx me falle, que mi relación no funcione o tal vez quedarme calvx.
Pues esto también hay que aceptarlo sin resignación ni quejas. Con dolor, con pena, con incomodidad, con sorpresa, pero sin dramatizar.

No podemos eliminar la muerte pero no por ello vamos a dejar de intentar disfrutar de la vida. No podemos eliminar la enfermedad pero no por ello vamos a dejar de cuidarnos porque “total de algo hay que morir”.

Es posible que alguna vez o más de una, las personas en las que confiamos nos decepcionen y nos hagan daño, pero no por eso vamos a aislarnos y dejar de confiar y de tener amigxs , «todo el mundo te acaba fallando no voy a volver a confiar en nadie». Puede que nuestra relación no funcione pero no vamos a conformarnos y mantenernos en una relación que no nos satisface culpabilizándonos y pensando que hay algo malo en nosotrxs o vamos a evitar tener una relación si nos gusta vivir en pareja. Quedarse sin pelo puede ser difícil de asumir, pero quedarme en el «¿por qué a mi?» no ayuda a seguir sintiéndonos atractivxs teniendo en cuenta lo que sí tenemos.

No se trata de negarnos las cosas o intentar que nos guste lo que no nos gusta.

Se trata de tenerte en cuenta, tomarte tu tiempo y con tranquilidad darte la oportunidad de responder a las experiencias de tu vida con responsabilidad y compromiso .

No siento nada

"Hace algún tiempo que he dejado de sentir cosas, ya no siento nada. Da igual dónde esté, con quién esté, si salgo o no, si viajo o no. Lo que antes me hacía disfrutar... Ahora nada me provoca nada"

Uno de los síntomas que más deben hacernos poner la atención en que algo no va bien es precisamente este. No sentir nada.

Sobretodo cuando además se acompaña de otros síntomas como sentir cansancio constante a nivel físico, dificultad para pensar y problemas de concentración y necesidad de hacer mucho sobre esfuerzo para moverse o incluso salir a la calle.

¿Por qué pasa que alguien pueda decir «no siento nada»?

Ese «bloqueo emocional» es por lo general una consecuencia, aunque también causa, de una pérdida de ilusión o cosas positivas que a veces implica muchas pequeñas pérdidas y a veces únicamente hace falta una pérdida suficientemente importante.

Puede haber empezado en un proceso de duelo, por ejemplo, o en una ruptura.

También puede ser que sea porque de un tiempo a esta parte por alguna circunstancia externa esa persona ha ido dejando de hacer actividades agradables.

¿Qué se puede hacer para volver a ser quien era?

Lo mejor es buscar ayuda profesional. Muchas veces este paso es muy difícil y se retrasa un tiempo hasta que la persona se siente preparada.

La sociedad cada vez responde más a lo importante que es recibir ayuda profesional cuando uno se encuentra mal anímicamente y no únicamente cuando el dolor es físico.