Los cambios me producen ansiedad

“Los cambios me producen ansiedad y no entiendo porqué”

Cuando alguien nos dice algo así nos está hablando de la punta del iceberg de algo que en realidad suele pasar a mucha gente pero en medidas diferentes. Empieza en dar por hecho.

Cuantas cosas damos por hecho. ¡Muchísimas!

Por ejemplo. Imagina que siempre desayunas en el mismo sitio y normalmente pides un café. El camarerx, cuando entras, te pregunta:  “¿Lo de siempre?" O incluso puede que ni te pregunte y directamente te lo prepare.
  • Él piensa que hoy sigues prefiriendo lo mismo que ayer.

 

  • Si mi amigx no suele publicar en redes, y de repente lo hace, me extrañará mucho y cuando lo vea, le cuestionaré 
    
    “¿Tíx te ha dado algo o qué? ¿Tú en Instagram?"
  • Yo creo que debería seguir gustándole o seguir opinando lo mismo que antes.

 

 

Si pienso en pedirle el coche a mi hermanx, y normalmente no me lo deja, es posible que ni lo intente porque piense que me va a decir que no.

  • Estoy suponiendo que tomará la misma decisión que suele tomar.

 

  • Si me gustan las películas de ciencia ficción pero a mi pareja no, es posible que no le pida que me acompañe. Y, o me quede sin verla, o vaya solx o vaya con otra persona. Cuando lo que me hubiera gustado es ir con él/ella.
  • Me imagino que dirá que no, que siguen sin  interesarle  ese tipo de películas  y que no va a hacerlo por mí.

 

 

  • Si me planteo por ejemplo  dejar de  fumar, coger el metro si no lo hacía porque me agobiaba, llegar puntual, estudiar para el exámen en vez de salir, ya no criticar tanto, cambiar la forma de expresarme … O es el otro el que  hace todo esto.
  • Nos sorprende.

 

 

Tendemos a dar por sentado que las cosas son como son y no van a cambiar, que fulanitx se comporta así u opina así y eso será para siempre, por los siglos de los siglos.

Los cambios nos inquietan y solemos ser bastante escépticos al respecto.

Tendemos a valorar  más el inmovilismo. De ahí esa frase “Los cambios me producen ansiedad”

Por muchas razones:

  • Por ejemplo porque creemos que si cambiamos de opinión, de gustos, o de hábitos, estamos dejándonos influenciar, que tenemos poca personalidad, que no somos coherentes. “No pareces tú” “Esx no sería yo”
  • También lo hacemos por inercia, porque  siempre ha sido así.
  • Por temor a la crítica. “¡Buf! que pereza”
  • Por creer que debemos justificarnos, poner excusas. “A ver ahora qué me invento”
  • Por miedo a la incertidumbre y al vértigo y ansiedad que esta nos provoca. “No sé  si  merece la pena” 
  •  Por miedo a  equivocarnos. “¿Y si la lío?”
  • Incluso, a lo mejor, que el otro cambie hace que me tenga que plantear yo algunas cosas que no tengo ganas de plantearme. Y  puede que eso me haga sentir incómodo y no me apetezca que suceda.

 

Por  eso seguimos practicando el “Dar por hecho”. Es cómodo, aparentemente inofensivo y socialmente aceptado. Como si todo fuera predecible, como matemáticas.

 

 

 

Pero con ello:

– Nos decimos que los cambios son malos y nos repetimos que nos producen ansiedad, acabando provocando que suceda.

–  Coartamos iniciativas. Fomentamos dudas. Eliminamos posibilidades.              Perpetuamos comportamientos, ideas o incluso expresiones que ya no sirven.

–  Nos acomodamos, acostumbramos y resignamos. “Total ¿qué más da…?”  
Ni avanzamos ni dejamos avanzar.

Y sí que da.  

Porque no queremos acabar diciéndonos a nosotrxs mismxs “Los cambios me producen ansiedad”

Ser capaces de revisar nuestras ideas y modificarlas, o permitir que otrxs lo hagan, es asumir que tenemos libertad de elección, libre albedrío. Todxs podemos hacerlo  y  eso nos ayuda a fortalecer  nuestro autoconcepto en cuanto a nuestra capacidad de mejora, de cambio  y desarrollo personal. Es apertura al aprendizaje y maduración.

Es importante, por lo tanto,  practicar el “No dar por hecho”. Preguntando, no suponiendo, no cuestionando, apoyando.

 

Porque cambiar es un derecho.

Porque muchas cosas que hoy son verdad, no  lo serán mañana.

Porque rectificar es de sabixs y no dar por sentado también.

Comunicación no verbal. Gestos más que palabras.

La comunicación no verbal es todo aquello que trasmitimos sin hablar. El gesto de nuestra cara, nuestra postura corporal…

“Un gesto vale más que mil palabras”

No vale más un gesto, pero a veces nos ayuda a expresar aquello que no sabemos cómo decir cuando las palabras son difíciles de escoger.

¿Recuerdas el cine mudo?

Películas enteras que podrías entender únicamente mirando los gestos.

En el lenguaje no verbal hay códigos como, por ejemplo, la proximidad física y el significado de esta. Estos códigos dependen de cada cultura.

De hecho, ni siquiera es intrínsecamente humana, todxs lxs animales tienen sus propios códigos de comunicación a pesar de no disponer de lenguaje. Incluso a veces hasta los humanos podemos entender sus gestos.

 

¿Por qué es importante la comunicación no verbal?

Es importante porque nos ayuda a entender mejor a lxs demás pero también porque la podemos emplear para hacer que los demás nos entiendan mejor.

Podemos pensar cosas pero si no nos sentimos capaces de decirlas el receptor nunca recibirá el mensaje. ¿Y si hacemos uso de nuestra comunicación no verbal?

Si me cuesta decir “Me lo paso muy bien contigo” puedo sonreír más para que la otra persona sepa que me siento así.

Y cuando no consigo entender bien lo que el otro trata de trasmitirme puedo fijarme en su lenguaje no verbal para comprobar si se corresponde con lo que dice su lenguaje verbal.

 

¿Se puede aprender la comunicación no verbal?

Sí.

Y no se trata de detectar a quién nos miente o trata de engañarnos, como se suele pensar. La comunicación no verbal es mucho más que eso.

Tú también la estás estudiando si:

  • Escuchas el tono y no únicamente las palabras.
  • Observas la gesticulación mientras habla.
  • Atiendes a su cara y a lo que sus gestos faciales dicen.
  • Te fijas en la manera en la que persona se aproxima o se aleja.
  • Su postura corporal (brazos cruzados, el espacio que ocupa…)

El estudio exhaustivo de la comunicación no verbal puede ser complicado pero que conozcas lo suficiente como para que sepas descifrar mejor a los demás cuando se relacionan contigo es tan sencillo como observar.

No olvidemos que cada persona es diferente

Hay que tener en cuenta que cada persona tiene sus propios gestos y hay que tener esto en cuenta. Por ejemplo, una persona que normalmente cruza los brazos al hablar no quiere decir que esté siempre en posición “defensiva” porque en esa persona es su gesto habitual.