5 Frases que te ayudarán a enseñar inteligencia emocional a tus hijos

La inteligencia emocional es una capacidad que nos hace rendir mejor en muchísimas situaciones, tanto a nivel personal como a nivel laboral.

Sabemos que es bueno que los niños la aprendan pero ahí empieza nuestra difícil tarea como adultos.

 

¿Cómo enseñar inteligencia emocional a los más pequeños? Veamos 5 frases que te ayudarán a enseñar inteligencia emocional.

 

  1. “Yo también me siento así a veces”
    Cuando tenemos delante a un niño que se está sintiendo de una determinada manera y no se ve capaz de controlar bien sus emociones o no las comprende, el hecho de saber que tú como adulto de referencia también te sientes así a veces le hará sentirse con el poder de controlar las emociones, sentirse menos extraño y ver que las emociones son algo común que también les pasa a los adultos.
  2. “Las emociones no son negativas, todas las emociones valen”
    A veces tendemos a pensar, incluso los adultos, que hay emociones que preferiríamos no sentir. El enfado, los nervios, la tristeza, la frustración… Son emociones que consideramos “negativas”. Pero en realidad no son las emociones las que son así sino los hechos que nos las producen o las conductas que hacemos después de sentirnos de determinada manera.
    Si reñimos a un niño por una conducta que tiene como consecuencia de sentir una emoción, el niño puede pensar que le estamos riñendo por cómo se siente. Es bueno enseñarle que puede sentirse de todas las maneras pero que es la conducta lo que no aprobamos.
    Un ejemplo de esto sería si se siente frustrado porque ha perdido un partido de fútbol y le pega una patada a la rueda del coche.
    A photo by Annie Spratt. unsplash.com/photos/l0AF7HI13W4
  3. “¿Cómo crees que se siente esa persona?
    Aprovecha las situaciones en las que otras personas (adultos o niños) manifiestan emociones delante del niño para enseñarle a empatizar y a conocer las emociones.
    Tener un vocabulario emocional rico le hará comprender mejor a los demás y ser más empático además será más capaz de expresar sus propias emociones cuando sean complejas.
  4. “Hoy me siento … voy a hacer… para sentirme mejor”
    Cuando tú mismo te estés sintiendo de una manera concreta habla de ello con el niño y enséñale cuáles son tus estrategias para sentirte mejor.
    “Hoy me siento triste porque en el trabajo me he equivocado, voy a poner música y a cantar un poco en el coche para sentirme mejor” y lo harías perfecto si añades un “¿cantas conmigo?” para hacerle partícipe de tu bienestar.cw32bxq5jfo-marco-ceschi
  5. Eso que has dicho/hecho me ha hecho sentir muy bien
    Cuando el peque haga o diga algo que te haga sentir feliz, orgulloso, etc. no dejes pasar la ocasión de decírselo para hacerle ver cómo las cosas que hace pueden repercutir positivamente en las emociones de los demás.
    “Cuando me das besos con abrazo me siento muy feliz”

Los niños son observadores, tienen ganas de aprender y lo hacen escuchando a los adultos. Aprovecha la oportunidad porque es única.

 

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La maternidad me supera

Este artículo está escrito en femenino porque incluye el proceso de embarazo y hay un porcentaje muy bajo de *población masculina gestante, pero es aplicable también a los padres y a las madres no gestantes.

*Población masculina gestante: hombre transgénero que conserva sus órganos femeninos necesarios para poder gestar y que toma la decisión de hacerlo.

¿Por qué parece que al ser madre sólo se te permite sentir amor, calidez, ternura y absoluta felicidad? ¿Acaso dejas de ser un ser humano después de ser madre?

Hace tiempo una chica me dijo “Ser madre me supera, es una tarea demasiado importante para mi, creo que me equivoqué al elegir este camino”

Y no, no tenía depresión post parto, no era una mala madre, no era demasiado mayor ni demasiado joven, no tenía ninguna característica especial. Era una mujer como otra mujer cualquiera. Todo estadísticamente normal. Quizá por eso pensó así. Porque ES NORMAL DUDAR.

Ser madre es un proceso que empieza con una transformación física y emocional. Y entonces empieza a pasar que la gente saluda a tu barriga antes que a ti, pregunta por “el embarazo” en lugar de preguntar por ti (tu trabajo, tus cosas del día a día, tu pareja…)

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Ser madre es la decisión más radical que tomarás en la vida. Y no tiene vuelta atrás así que… ¿Cómo no ibas a dudar de si es la decisión correcta?

Además como ya te habrán dicho no viene con un manual para saber cómo hacer las cosas para que todo funcione bien. Hagas lo que hagas siempre habrá alguien dispuesto a darte un consejo diferente “Pues yo hice esto con mi hijo y me fue genial”

No te asustes si piensas cosas como “¿Tomé la decisión correcta?”  

Te contaré un secreto: todas las madres y todos los padres lo piensan en algún momento, pero nadie lo dice en voz alta.

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Ser madre es la decisión más radical que tomarás en la vida. Y no tiene vuelta atrás.

Además se añade algo…

¿Dónde está la que tú eras antes de ser madre?

En mi artículo “Embarazo y autoestima” hablo sobre qué cosas pueden ayudarte a sentirte mejor durante este periodo.

Embarazo y autoestima

Pero como sabrás, hayas sido o no gestante, después de eso viene todo lo demás. Un bebé, un niño, un adolescente… quitan tiempo, quitan energía y suponen preocupaciones.

Dan un millón de cosas positivas, innumerables, inmensurables pero… también algunas negativas que no es de ser mala madre ni mal padre que se pasen de vez en cuando por la cabeza.

¿Cómo lo resuelvo si me encuentro en uno de esos momentos en los que ser madre me supera?

El problema principal es que dado que es algo que no se suele compartir con los demás pasas a sentirte mal por dos cosas:

  1. El problema principal y concreto con la maternidad en ese momento que te hace sentir mal.
  2. El problema añadido de sentirte culpable porque hay una pequeña parte de ti que duda de la decisión que tomaste de ser madre.

La segunda influye mucho en la primera porque si te estás sintiendo culpable pierdes la capacidad de ser objetiva con lo que está ocurriendo, sacas el foco analítico de la situación para ponerlo en ti misma.

Además puedes quedarte rumiando ese pensamiento durante mucho mucho tiempo y cada vuelta que le das más grave y feo parece y más mala madre te sientes. Es un círculo vicioso.

Para resolverlo hay que empezar por el final. El punto 2 es el primero. Deja de sentirte culpable. Ya hemos visto que lo que te pasa es normal, es un pensamiento fugaz, temporal y que después queda disipado por un montón de cosas positivas. Cuanto más importancia le des más se instala y más problemático parece.

En cuanto al problema que te está haciendo sentir mal, lo primero que tienes que hacer es tratar de definirlo teniendo en cuenta los siguientes puntos:

  • ¿Se trata de un problema que tengo yo a nivel personal o de pareja o es un problema de mi/s hijo/s? Por ejemplo, no vamos a buscar una solución igual si el problema es que no sabes cómo manejar una rabieta que si lo que ocurre es que el colecho ha derivado en un problema de pareja.
  • Si es un problema propio, ¿he hecho todo lo posible para resolverlo? Si la respuesta es sí y el problema sigue ahí entonces quizá sea el momento de buscar ayuda profesional. Si la respuesta es no, entonces hay que ponerse a buscar soluciones.
  • Si es un problema del niño/a hay que tener en cuenta el tiempo que hace que está sucediendo lo que nos está inquietando.
    Si por ejemplo le está costando adaptarse al inicio del colegio y hace un par de semanas que ha empezado las clases no debemos alarmarnos. Si han pasado dos meses lo mejor es empezar a poner soluciones.
    Además de la variable tiempo hay que tener en cuenta también la variable intensidad. Hay problemas que son problemas precisamente por su intensidad, volviendo al ejemplo de las rabietas, no es igual una rabieta en la que el niño llora intensamente que una en la que el niño se golpea a sí mismo. La intensidad es un indicador de que hay que buscar soluciones.

 

En cualquier caso y como conclusión, las situaciones cambian y se resuelven pero si te estás culpando por dudar de si tomaste la decisión correcta al elegir ser madre simplemente te quedarás asustada y anclada en una situación que no te gusta.

 

Permítete dudar, permítete equivocarte y corregir los errores. No te juzgues. Recuerda que has tomado la decisión más valiente y los valientes también tienen miedo.

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