El lenguaje de los niños

Los niños son excelentes comunicadores porque aunque a veces carecen de la destreza asertiva (http://www.psicologadevalencia.es/asertividad/) y del vocabulario adecuado siempre consiguen manifestar lo que sienten.

Son tan capaces como los adultos de sentir estrés, ansiedad, tristeza e incluso deprimirse. Hoy en día se conoce mucho sobre las razones que pueden hacer sentir esas cosas a los niños: el apego (http://www.psicologadevalencia.es/tipos-de-apego-apego-seguro/), el bullying, la baja autoestima, los abusos y la agresividad, el modelo educativo …

Para comprenderlos bien también hay que saber escucharlos. En su idioma. A su modo. En su lenguaje.

Y… ¿Cuál es el lenguaje de los niños?

Los niños manifiestan su bienestar emocional…

Jugando con otros niños

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Sólo cuando nos encontramos bien tenemos la capacidad de ser sociales.

Y nada le gusta más a los niños que el juego. Cuando un niño está estable y feliz seguramente dedique mucho tiempo día a divertirse con otros niños, intercalando con ellos nos demuestra que tiene ganas de socializar y de aprender y compartir tiempo con sus iguales.

Riendo

A photo by Ben White. unsplash.com/photos/4K2lIP0zc_k

Porque reír significa que están prestando atención a las cosas que les rodean, que están procesando una información de forma adecuada y que además están disfrutando en dicha situación.

Cuando un niño ríe a diario sabemos que no tiene miedo y que no está deprimido.

Durmiendo y comiendo

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A photo by Xochi Romero. unsplash.com/photos/oMAz8npl-dc

Cuando un niño duerme y come bien sabemos que es porque tiene unos hábitos estables y una rutina. Para los niños la rutina es muy adecuada, la necesitan todavía más que los adultos porque ellos están enseñando a su cuerpo a regularse y aprendiendo a dormir. Sí, aprendiendo a dormir. Porque no todos aprenden adecuadamente y muchos adultos tienen problemas de insomnio por no ha haber aprendido el hábito de dormir cuando eran niños.

Además para tener tanto hambre como sueño se tiene que cumplir una condición necesaria: no tener ansiedad.

La ansiedad hace desaparecer el hambre y supone que uno esté más inquieto por lo que los hábitos del sueño se verían también afectados.

 

No siendo agresivos

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La agresividad puede significar dos cosas:

O bien hay ansiedad y entonces el niño ante el miedo responde socialmente siendo agresivo, o hay falta de habilidades sociales cosa que también es un gran problema porque para los niños no sólo es importante estar rodeados de adultos y aprender de ellos sino también rodearse de otros niños y ser capaz de saber respetar a sus iguales y de introducirse en un grupo sin necesidad de ser directivo ni agresivo. Lo idea sería que nuestro hijo fuera capaz de encontrar su propio rol en el grupo sin ser agresivo y siendo respetuoso con los demás.

Un niño agresivo con otros niños acabará siendo excluido del grupo de forma natural “No quiero jugar contigo” o siendo evitado por los adultos que no quieren ver como otro niño se comporta así con sus hijos por lo que el resultado puede ser muy malo para él dado que si no aprende a relacionarse de forma adecuada con sus iguales desde pequeño acabará teniendo problemas siendo mayor.

 

Siendo activos y no apáticos

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Los niños son mucho más enérgicos que los adultos por lo tanto un niño que se encuentra bien emocional y físicamente será un niño activo.

A veces la ansiedad se puede confundir con actividad.

Para distinguirlo podríamos definirlo como que un niño activo no ansioso deberá ser un niño que tiene energía pero que esa energía no le hace perder el control, ser agresivo o llorar o gritar constantemente. Un niño activo utiliza su energía de forma que la reparte adecuadamente.

Con curiosidad y superando sus miedos

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La única manera de enfrentarnos a los miedos es sintiéndonos fuertes y capaces.

Un niño sin ansiedad ni tristeza tiene curiosidad por las cosas, quiere aprender, investigar, desarrollarse y desenvolverse en distintas situaciones y además lo hace sin miedo.

 

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