Fobia a los petardos en Valencia

“Senyor pirotècnic, pot començar la mascletà!”

¿QUÉ PASA CUANDO TIENES FOBIA A LOS PETARDOS EN VALENCIA?

Lo que para la mayoría de los valencianos es una fiesta llena de luz, ruido y adrenalina que se disfruta desde el 1 de Marzo cada día a las dos del medio día, para otros tantos es sinónimo de miedo, alerta, fobia, ansiedad.

Porque las Fallas son terribles para quienes tienen uno de estos dos miedos: miedo a las aglomeraciones y/o  fobia a los petardos.

LAS PERSONAS QUE TIENEN MIEDO A LAS AGLOMERACIONES

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Normalmente tienen miedo a que les pase algo (un ataque de ansiedad, marearse, encontrarse mal…) en mitad de la multitud y no poder escapar de la situación porque la masificación de gente impida salir de la aglomeración para “respirar aire libre”. Para ellos las mascletás son aterradoras y no por los petardos y el ruido sino por la gente.

Estas personas además viven esto durante toda la semana de fallas si se quieren mover por la ciudad, por ejemplo en el metro, en las calles donde hay fallas, en las calles estrechas donde hay mucha gente…

Existen distintos grados dentro de este miedo y también muchas veces se extiende a diferentes áreas como puede ser el transporte público, sentirse encerrado en un sitio, etc.

Es decir, quienes padecen este miedo intentan pasar poco tiempo en valencia los días de fallas (si pueden evitarlo) pero se ofenderán si les dices que es porque les da miedo los petardos.

LAS PERSONAS QUE TIENEN FOBIA A LOS PETARDOS

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El “susto” de ese sonido tan fuerte les produce ansiedad, entra en la categoría de “Fobia simple” porque es ansiedad producida por un estímulo concreto. Igualmente entre las personas que padecen este miedo existen grados y particularidades.

Estas personas también sufren muchísima ansiedad durante la semana de Fallas porque el sonido de los petardos se convierte en la banda sonora de la ciudad  y esto que para los que no tenemos miedo es casi música para los oídos, para quienes sí lo tienen es fuente de picos constantes de ansiedad.

 

Si te sientes identificado con uno de los dos casos, debes saber que tu problema tiene solución, sólo necesitas encontrar la ayuda correcta, un psicólogo cognitivo- conductual.

 

La terapia para estos miedos:

La terapia cognitivo-conductual se basa en empezar con una buena evaluación de qué es exactamente lo que le da miedo a la persona, no presuponemos porque no hay dos casos iguales. A partir de ahí generamos una serie de estrategias para perder cada uno de esos miedos. Pero debes tener claro que:

  • NUNCA harás nada que no quieras.
  • NUNCA utilizaremos técnicas que te hagan sentir pánico.
  • NUNCA te verás en situaciones donde no quieres estar.

Si conoces a alguien en esta situación:

Si conoces a alguien que pueda estar padeciendo este miedo a las aglomeraciones o la fobia a los petardos lo mejor que puedes hacer es ofrecerle tu apoyo a la hora de buscar ayuda, no le quites importancia, porque a ti no te parezca estresante no quiere decir que no lo sea para otros.

No bromees con ello y sobretodo no intentes forzar las situaciones. Enfrentarse a un miedo fóbico si no se hace con supervisión profesional puede empeorar el problema.

 

 

 

Lo natural es atractivo

¿A qué nos referimos con que lo natural es atractivo?

Hablamos de alimentos, de ejercicio al aire libre, de risas ajenas y de formas de ser.

 

Lo natural nos gusta y nos resulta atractivo. Y la razón es en realidad bastante sencilla: no nos sentimos amenazados por ello.

Las personas naturales nos resultan transparentes, con sus virtudes y sus defectos se convierten rápidamente en alguien en quien podemos confiar, parece que no tienen ese muro que a veces nos separa de aquellos que tienen actitudes forzadas o fingidas.

 

 

Muchas veces las actitudes fingidas son en realidad una manera de ocultar la ansiedad social.

Personas que tratan de parecer más fuertes actuando sin dejarse llevar porque en realidad tienen miedo a lo que puede pasar o lo que los demás pueden pensar de ellas. Pero lo que acaba pasando en muchos casos es que los demás nos separamos de ellos/as porque no acabamos de ver qué intenciones tienen para con nosotros.

Nos cuesta confiar en quien se guarda sus emociones, mide siempre sus palabras y no ríe nunca a carcajadas.

Quizá es por esto que existen dichos populares como “Los niños nunca mienten”, dado que se comportan de manera natural (muchas veces porque aún no han aprendido todas las normas sociales) les otorgamos toda nuestra confianza.

Pero ser natural no es fácil, comportarse de esa forma significa dejar atrás el miedo a qué dirán los demás, qué pensarán de mi y sobretodo el miedo a perder a las personas que te rodean cuando empieces a ser tú mismo/a.

 

 

Saber trasmitir tus emociones no consiste únicamente en poder hablar de ellas cuando ya han pasado sino también en manifestar abiertamente cómo te sientes en cada momento y estar preparado para recibir la respuesta de los demás.

 

 

 

 

 

 

¿Qué pensáis de esta frase? –> “Los chicos no lloran”

¡Exacto! Todos/as sabemos que llorar es una característica tan humana como que es lo primero que hacemos al llegar al mundo, sin distinción de género.

 

Pero cuando te han educado en la creencia de que llorar es débiles (seas hombre o mujer) y que los débiles no consiguen nunca lo que quieren porque los demás les superan, llegas rápido a la conclusión de que llorar es algo que no debes hacer en público.

Esto es un error por lo que hemos comentado hace un momento, las personas que trasmiten sus sentimientos son mejor aceptadas socialmente y los demás confían más en ellos/as por lo que tienen más probabilidades de convertirse en líderes si se eligieran democráticamente.

No se trata de sobre-actuar, porque al final esto siempre es detectado por los demás, si no de introducir en nuestro discurso frases como “Esto me hace sentir…”, “Cuando me dices eso me siento…”, ” Me siento orgulloso/a de …” “Me avergüenza…”

Y ¿por qué no? mostrar nuestras emociones en público cuando realmente nos esté costando contenerlas.

 

Vamos a imaginar una situación hipotética:

Pedro es el encargado de un taller de coches en Valencia, tiene a varios mecánicos trabajando para él. Hace dos semanas a su mujer le diagnosticaron cáncer de mama y no quiso decirlo en el trabajo porque piensa que “los chicos se aprovecharán de que estoy pasando un mal momento para vaguear más y hacer chapuzas”. Como consecuencia de estar conteniendo sus emociones durante 8 horas cada día que pasa está más irascible y como consecuencia de eso tiene menos paciencia con sus empleados que están cada vez más cansados de él y que no entienden qué pasa. Han dejado de comunicarse con él como antes porque no está receptivo y cuando dudan en algo no le consultan a él sino a sus compañeros y esto muchas veces deriva en clientes descontentos.

¿Qué habría pasado si Pedro se hubiera comportado de forma natural?

Pedro es el encargado de un taller de coches en Valencia, tiene a 10 mecánicos trabajando para él. Hace dos semanas a su mujer le diagnosticaron cáncer de mama y dado que se lleva bien con “los chicos” decidió pedirles a todos que se quedaran 5 minutos en la hora del descanso para contarles lo que le estaba pasando. Les dijo que estaba pasando un momento muy delicado, les habló de su mujer y de cuánto la quiere y de que está asustado y les pidió que tuvieran paciencia con él si en algún momento no daba el 100%. Quizá se le escapó una lágrima. Mientras hablaba todos estaban más en silencio que nunca y al acabar algunos le abrazaron, otros le dieron palabras de cariño. En las siguientes semanas todos los días recibió una atención especial, bromeaban más con él, le invitaron a almorzar con ellos, le preguntaban por su mujer y le daban palabras de apoyo y siempre tenían palabras buenas sobre él. Además en el trabajo le cubrían cuando él estaba menos acertado y empezaron a hacer un mejor equipo.

 

Abrirse así ante los demás no es sencillo, es un acto valiente que los demás aprecian y eso te dará valor a nivel social. Serás más cercano y más accesible.

 

Miedos infantiles, niños con miedo a dormir solos

Miedos infantiles…

Pongámonos en situación:

Desde que Eva aprendió a dormir en su cama sus padres todas las noches la acompañan hasta que coge el sueño leyéndole un cuento. Han decidido que ha llegado el momento de que Eva se duerma sola sin necesidad de que ellos estén al lado de su cama y entonces ha aparecido un problema con el que no contaban… Les llama varias veces pidiéndoles agua, les pide que dejen encendida la luz del pasillo, se levanta varias veces al baño, etc. 

Lo primero que tenemos que hacer es preguntarnos…

¿ES MIEDO O ES FALTA DE HÁBITO?

No debemos suponer que el niño tiene miedo a la oscuridad si no nos lo ha dicho de forma directa o si no hemos descartado varias cosas antes.

La primera que tenemos que tener en cuenta es que cabe la posibilidad de que sea simplemente un problema de falta de hábitos, quizá simplemente tiene que conseguir aprender a dormir sin la compañía de otra persona o sin la narración que le hacía dormirse.

Algo que nos ayudará a distinguirlo es que cuando se trata de una falta de hábito normalmente no aparece la ansiedad y no reclaman nuestra compañía constantemente. Le puede costar coger el sueño pero se mantiene en la cama y no se muestra nervioso (sudor, temblor, llanto…)

MIEDOS PASAJEROS

Algo que también puede ocurrir es que tenga algunos miedos propios de su edad y que sea eso lo le hace estar intranquilo/a. Estos miedos infantiles son pasajeros.

Por ejemplo, si nos llama pero se conforma con que le contestemos desde otra habitación puede que lo haga para comprobar que estamos ahí y que no nos hemos ido.

Si ha visto alguna película donde ocurren cosas por la noche, o incluso la noche de reyes a ciertas edades, porque se supone que entran en casa y puede ser que eso le haga sentir indefenso y le asuste.

El miedo a la oscuridad, pueden pensar que va a aparecer un monstruo o un animal en su habitación …

En el caso de estos miedos suelen ser miedos típicos de la infancia por lo que no deberían preocuparnos a no ser que se prolonguen durante demasiado tiempo.

 

¿CUÁNDO DEBEMOS BUSCAR AYUDA?

El momento en que debemos buscar ayuda es cuando vemos que el miedo es constante en intensidad durante mucho tiempo.

Además si vemos que el/la niño/a pasa demasiada ansiedad que está impidiéndole dormir las horas necesarias o que acaba durmiendo porque lo pasamos a nuestra cama o buscamos otras soluciones que no sean que duerma solo.

Y por supuesto si vemos que empieza a extenderse a diferentes áreas más allá de la noche como por ejemplo pasar solo por el pasillo o ir a ciertas partes de la casa solo aunque sea de día.

 

Hipocondría

 

Ten cuidado con la lectura de libros de salud. Podrías morir de un error.

Mark Twain

 

Los pensamientos hipocondríacos son unos de los pensamientos de ansiedad que más angustia producen. Se trata de interpretaciones que la persona hace sobre lo que está sintiendo a nivel físico. Pero es un verdadero círculo vicioso dado que muchas veces la propia ansiedad genera dichas dolencias físicas que a la vez hacen aparecer los pensamientos que provocan más ansiedad.

Además a veces aparecen con simplemente oír hablar de determinada enfermedad o conocer el caso de alguien que padece una enfermedad concreta.

 

Imagina esta situación:

Pablo se ha levantado especialmente cansado y con mucho dolor de cabeza, son las 9 de la mañana y está con muchísima ansiedad debatiéndose entre ir a trabajar o ir al hospital porque no deja de pensar en la posibilidad de que ese dolor de cabeza sea un tumor cerebral y que si lo es y no hace nada al respecto eso puede ser fatal. Por otra parte su pareja le ha dicho que seguro que no es nada, que a menudo tiene dolores de cabeza y le ha recordado que cuando fueron al médico el año pasado le dijo que eso era normal cuando uno tiene mucho estrés en el trabajo. Finalmente y tras hablar un largo rato con su pareja sobre el tema se queda más tranquilo y acude a trabajar aunque pasa el día pensando en eso y esperando a ver si el dolor vuelve a aparecer.

 

Esta sería una situación típica de pensamientos de este tipo y también de la forma como suelen reducirse y bajar la ansiedad. Normalmente cuando un pensamiento así aparece uno busca la seguridad de las personas que conoce y en las que confía, que le restan importancia y que hacen que se relaje, incluso en muchas ocasiones recurren a su médico para que les tranquilice pero el problema de eso es que en realidad la persona no está aprendiendo a controlar los pensamientos y depende de otras personas para conseguir tranquilizarse y siempre es a corto plazo porque el pensamiento siempre vuelve.

 

También a veces se da la situación de que las personas de alrededor se cansan y resultan algo agresivas en sus respuestas o bien se ríen de lo que la persona dice. Estas situaciones hacen que se sienta incomprendido/a y poco apoyado/a.

 

Otra forma de buscar la tranquilidad es internet, pero esto suele llevar a más ansiedad porque generalmente escribir en un buscador cualquier sintomatología es exponerse a encontrar cualquier respuesta que ha escrito cualquier persona quizá sin ninguna formación.

 

 

La terapia cognitivo- conductual ha demostrado ser eficaz en el tratamiento de la hipocondría por lo que si estás en esta situación o conoces a alguien en esta situación acudir a un psicólogo cognitivo-conductual es la solución a largo plazo de ese problema que te está produciendo tanta ansiedad.