¿Tienen solución los celos?

Los celos siempre han estado rodeados de varios falsos mitos, este es uno de los grandes problemas a la hora de ponerles solución, a veces las parejas no los ven como un problema.

 

Tiene celos porque me quiere, si no tuviera algo de celos pensaría que pasa de mi.

 

La realidad es que LOS CELOS NO SON UNA CONSECUENCIA DEL AMOR en ningún caso. Querer a alguien no implica en absoluto ser celoso ni experimentar celos en ninguna ocasión.

 

Como cualquier otra conducta humana, la conducta que tiene una persona celosa se mantiene por un sistema de refuerzo.

El refuerzo es algo de lo que ya hemos hablado en alguna otra ocasión, consiste en obtener algo positivo  o  liberarnos de algo negativo al emitir una conducta.

Veamos como funciona esto en un caso de celos:

María ha salido con sus amigas de la facultad porque esta semana ha sido su cumpleaños y le apetecía especialmente celebrarlo con ellas. Jorge, su novio, se ha quedado en casa y mientras la espera le empiezan a invadir de forma involuntaria un montón de pensamientos que le preocupan: “¿Y si conoce a alguien?, ¿estará bailando con algún chico?, seguro que alguno le pide el número porque iba muy guapa cuando se ha ido…” 

Todos estos pensamientos le impiden dormir bien y a lo largo de la noche se despierta varias veces y mira el móvil para ver si ella está en línea. Le cuesta mucho contenerse pero consigue aguantar hasta que ella llega sin enviarle ningún mensaje. 

Cuando María llega Jorge le pregunta cómo lo ha pasado y en ese momento no puede evitar preguntarle si algún chico se le ha acercado para bailar con ella o pedirle su número. Ella lo niega y él se queda más tranquilo.

 

Jorge ha experimentado los celos como una vivencia angustiosa y que le ha mantenido ansioso y sin poder dormir, sin embargo María no ha podido evitar pensar que era algo tierno y una demostración de amor que él le hiciera esas preguntas.

Estos celos además han sido reforzados por María porque al decirle que no y tranquilizar a Jorge ha hecho que la conducta de preguntar sea tranquilizante lo que seguramente provocará que esta conducta se repita y aumente en las próximas ocasiones.

En el caso de esta pareja Jorge ha sido en gran medida capaz de controlarse pero eso también le ha llevado a sufrir mucho y no dormir bien, por lo que aunque esta conducta todavía no está perjudicando a la pareja de momento sí le está perjudicando a él individualmente.

¿Cómo distinguir los celos controlados de los celos no controlados?

Es difícil controlar que un pensamiento aparezca pero sí podemos controlar cómo nos afecta. Si a pesar de que aparece el pensamiento somos capaces de racionalizarlo y no conlleva ninguna consecuencia emocional ¡enhorabuena, estamos controlando los celos!.

Si por el contrario cuando el pensamiento aparece nos invade, se repite en nuestra cabeza y nos provoca emociones negativas descontroladas o conductas que no deseamos, estamos perdiendo el control sobre los celos.

 

Pero que no cunda el pánico, los celos pueden aprender a controlarse en terapia mejorando así la calidad de vida individual y también la calidad de la relación de pareja.

 

 

Si has identificado en ti o en tu pareja un problema de celos, no dudes en ponerle solución antes de que vaya en aumento.

 

Mi hijo pega

Mi hijo pega es una frase que muchas veces se oye en la clínica, o bien porque pega a sus hermanos, a otros niños o incluso a sus padres. Vamos a ver que cosas podemos cambiar como adultos para acabar con esta situación. Estos 5 consejos también son aplicables con cualquier otra conducta violenta como morder, estirar del pelo, etc. siempre y cuando hablamos de niños y no de adolescentes ni pre-adolescentes.

Muchas veces los niños pequeños “retan” a los adultos o los ponen a prueba llegando incluso a estos extremos, *también hay ocasiones en las que la conducta de pegar está integrada en una rabieta.

Veamos qué cosas podemos cambiar para erradicar esta conducta.

  1. No responder con la misma conducta.
    Parece algo básico pero es importante recalcar que NUNCA se debe golpear a un niño y menos con la intención de que él pare de hacerlo. Es posible que consigamos nuestro objetivo a corto plazo (aunque tampoco es seguro) pero estamos cometiendo dos errores: Educar en la no-agresividad siendo agresivos y educar en el miedo. Es decir, le estamos enseñando que la agresividad funciona para conseguir nuestros objetivos cuando lo que queríamos era enseñarle que no debe hacerlo, y además sólo nos obedece porque nos teme.
  2. Todos de acuerdo en dónde está el límite.
    Si las personas que viven en casa (imaginemos que sea la pareja y la abuela) tienen diferente forma de medir el límite permitido estamos enviando señales contradictorias al niño. Por ejemplo: el padre pone el límite cuando el niño llega a pegar, la madre cuando levanta la mano y la abuela no pone ningún límite. No estamos de acuerdo en qué queremos enseñarle y dejamos una amplia gama de conductas sin corregir.
  3. Todos de acuerdo con el “castigo”.
    Una vez establecemos dónde está el límite tenemos que llegar a un acuerdo con cuál va a ser el “castigo” para el niño. Lo más recomendado siempre es el llamado “Tiempo fuera”, dependiendo de la edad del niño se le obliga a salir de la dinámica de juego y a esperar como espectador o se le manda fuera de la escena de juego (por ejemplo a una parte de la casa donde no pueda jugar).
  4. Aplicar refuerzos en las conductas incompatibles.
    Esto significa que cuando el niño está en una de las situaciones en las que normalmente pegaría y no lo hace tenemos que hacerle ver que nos damos cuenta de que se contiene y premiarle por eso, o bien felicitándole (“Te estás portando muy bien y mamá/papá está muy contenta/o”) o bien con cariño si creemos que va a ser mejor dependiendo del tipo de niño.
  5. Ser constante.
    Estemos donde estemos y sea cual sea la situación no podemos dejar pasar la conducta que hemos marcado como intolerable. Aunque para nosotros como padres resulte incómodo o fastidioso tener que irnos de un sitio o tener que castigar con el tiempo fuera al niño. Si aparece la conducta hay que ser constantes. Además no hay que olvidar ser constantes en premiar al niño cuando no aparece la conducta, esto es más difícil porque llama menos nuestra atención pero es tan importante como lo anterior.

 
*En el caso de la conducta de pegar esté integrada en una rabieta lo mejor es consultar con un profesional que evalúe bien cómo se da dicha conducta y hacia quién o quienes (a veces lo hacen hacia ellos mismos) y después de evaluarlo nos indique exactamente qué hacer en ese caso concreto.

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