El apego seguro

El apego seguro..¿en qué se diferencia de los demás tipos de apego y por qué razón es el tipo de apego adecuado y deseable?

 

Lo primero que haremos será definir qué es el apego padres-hijos:

Se trata de la relación afectiva/conductual entre ambas partes pero que se refiere particularmente a la sensación de consuelo y seguridad que el niño busca en los padres en momentos de amenaza o percepción subjetiva de amenaza.

 

Así pues la relación de apego es algo biológicamente necesario y adaptativo.

 

Pero ¿cuándo sabemos que estamos estableciendo una relación de apego correcta con nuestros hijos?

Muchas veces se habla de las relaciones de apego como algo emocional pero vamos a trasladarlas a conductas para poder identificar mejor el tipo de relación de apego que nuestros hijos tienen con nosotros. Hablamos de niños de alrededor de 1 año. Para poner estas conductas en un contexto imaginaremos que estamos en una ludoteca infantil en un cumpleaños. Está el niño, sus dos padres y unos cuantos niños más con sus padres o abuelos.

Conductas que emite un niño que tiene una relación de apego seguro con sus padres:

 

  • Como hay otros niños y juguetes se aleja tranquilamente de los padres para jugar, explorar o relacionarse con otros niños.
  • Si detecta que sus padres se han ido o han desaparecido de su campo visual se pone algo nervioso, se le ve más inseguro.
  • Sólo llora o se enfada si sus padres se van.
  • Cuando ve a sus padres después de haberlos perdido de vista se pone contento y va con ellos.
  • Si la abuela de un amiguito se acerca a saludar al niño y él no la conoce no tendrá problemas en relacionarse con ella al estar sus padres cerca aunque no esté necesariamente cogido de la mano de ellos o encima de ellos.

 

 

 

Conductas que emite un niño que tiene una relación de apego evitativo con sus padres:

 

  • Como hay otros niños y juguetes se aleja tranquilamente de los padres para jugar, explorar o relacionarse con otros niños. Con la diferencia de que no influye en absoluto el hecho de que sus padres estén o no cerca.
  • No se fija en que sus padres estén o no en su campo visual.
  • Si se van y él se da cuenta no se pone nervioso ni le afecta en absoluto.
  • Cuando los ve después de haberlos perdido de vista no reacciona yendo hacia ellos ni alegrándose.
  • Se relaciona con las personas desconocidas del cumpleaños sin problemas aunque sus padres no estén cerca.

 

 

Conductas que emite un niño con una relación de apego resistente con sus padres:

 

  • No se aleja de ellos para jugar con otros niños ni para explorar el sitio o los juguetes.
  • Si sus padres desaparecen de su campo visual se pone muy nervioso, llora desconsolado.
  • Cuando sus padres vuelven le cuesta mucho volver a estar tranquilo, probablemente pase mucho tiempo después llorando desconsolado en sus brazos.
  • No juega con otros niños y mucho menos se relaciona con extraños. No se separa de sus padres.

 

 

 

Estas son las tres relaciones de apego más comunes y que más se dan en niños de 1 año de edad.

¿Qué consecuencias tienen después en la vida adulta?

Las personas que han tenido una relación de apego seguro serán adultos extrovertidos, sin problemas para relacionarse con otras personas, sabrán reconocer las relaciones de apego adecuadas y por tanto saber qué tipo de relaciones sentimentales son las que les convienen y cuáles son inadecuadas o tóxicas.

Quienes han tenido una relación de apego evitativo serán adultos que rechacen en general las relaciones emocionales con otras personas, no distinguirán adecuadamente qué formas de apego son las adecuadas.

Aquellos que han experimentado una relación de apego resistente, durante toda la infancia seguirán siendo niños dependientes de sus padres y con dificultades para relacionarse con sus iguales o con otros adultos, además de presentar ansiedad en situaciones sociales. En la edad adulta continuarán teniendo dificultades en estos aspectos.

 

Mi hijo pequeño sale corriendo de repente

Es una conducta tan frecuente como peligrosa que se suele dar en niños pequeños que tienen la autonomía para ser capaces de correr relativamente rápido pero aún no son conscientes del peligro de cruzar una carretera.

 

Lo primero que vamos a intentar comprender son sus razones para hacerlo, normalmente son dos:

 

  1. El propio placer de correr: sobretodo cuando están empezando a sentirse autónomos, les da sensación de libertad, además quema energía que muchos niños tienen más que de sobra. A veces incluso es una manera de competir con otros cuando se trata de llegar primero a un sitio con tal de recuperar algo (un balón) o de coger algo que ellos han visto primero (una flor bonita). El principal problema que tenemos con esto es que los padres difícilmente podemos adelantarnos siempre tanto a todo lo que nuestro hijo quiere y por tanto es fácil que nos “pille descuidados” o incluso sentados cuando echa a correr.
    2. Refuerzo Positivo: En alguna ocasión ya hemos nombrado este refuerzo pero para los que no se acuerden el refuerzo positivo sería el beneficio que uno obtiene después de emitir una conducta. En el caso del niño que corre de momento hay un beneficio asegurado: Mi padre o madre corre detrás de mi. Para el niño – recordemos que aún no es consciente del peligro- el hecho de que sus padres corran tras él es una manera de introducirlos en el juego, algo divertido. Además de eso obtiene generalmente otro refuerzo positivo: la atención. Mientras nosotros pensamos que le estamos castigando sentándolo a nuestro lado o sujetándolo en realidad para él le estamos dando atención y un lugar privilegiado, ha aprendido que echar a correr es una manera de obtener la plena atención de sus padres que asustados lo sostienen en brazos durante el resto del tiempo que queda de parque.

Así pues el proceso en la cabeza del niño, utilizando un ejemplo, sería:

Veo algo que me gusta y corro hacia eso, entonces me doy cuenta de que mi madre está corriendo para cogerme y me siento el centro de atención entonces intento correr más para que no me coja porque me gusta jugar a eso con mi madre. Cuando me coge me riñe, me dice que está mal lo que he hecho pero todo eso no me importa porque mientras lo hace o bien me lleva de la mano o bien en brazos y eso me gusta, además cuando llegamos la zona del parque me sienta en sus piernas y me dice que no me voy a mover de ahí en toda la tarde ¡Me encanta!

 

El proceso en la cabeza de la madre en  este caso sería:

Ya va a cruzar otra vez la calle, corro tras él, debería reñirle y explicarle lo peligroso que es porque un día puede pasar algo. Como estamos con más gente o con alguno de sus hermanos nos quedamos más rato en el parque pero él ya no va a jugar con los demás así que lo sujeto en brazos y me aseguro de que está castigado y también de que no vuelve a irse corriendo.

 

¿CÓMO CAMBIAMOS LA DINÁMICA?

Lo primero: Al llegar al parque le explicamos que si quiere salir del la zona del parque (si es necesario le podemos explicar explícitamente dónde están los límites) se tiene que acercar a donde estamos y nosotros le acompañamos a donde quiera ir (ponemos el refuerzo positivo en la conducta de avisarnos) pero que si sale él sólo de esa zona nos iremos directamente a casa y estará castigado sin… (algo que normalmente hace al volver a casa y le gusta hacer, por ejemplo: ver Peppa Pig). Nos aseguramos de que nos ha comprendido, pidiéndole que nos lo repita, y si es muy pequeño que nos repita la consecuencia.

En el caso de que se acerque en el algún momento para pedirnos que le acompañemos fuera lo hacemos siendo especialmente cariñosos, amorosos y sonrientes. Esto le hará ver que si nos avisa obtiene mucho más que si corre.

 

En el caso de que a pesar de ello salga corriendo hay una parte del refuerzo positivo que en este caso no podemos eliminar: correr tras el niño.

Manteniendo esa parte sí podemos cambiar el resto del proceso. Podemos correr tras él pero que al final de la carrera no obtenga tanta atención, es decir, no le miramos ni le decimos nada, le llevamos de la mano (no en brazos) hasta el parque donde recogemos las cosas y nos vamos a casa sin hablar con él. En el caso de que existan hermanos a ellos sí les explicamos lo que ha pasado y les decimos que no pasa nada porque en casa vamos a seguir jugando (no podemos “castigar” a los demás por la conducta de uno).

 

Al llegar a casa le decimos que ahora se va a quedar sin … (aquello en lo que habíamos quedado).

Otra opción si existen hermanos es hacerle quedarse sentado mientras nosotros jugamos con el hermano como le habíamos dicho.

Según la edad y el carácter de cada niño hay que calcular el tiempo que tiene que pasar castigado, no se trata de que el niño pase demasiada ansiedad o se angustie pero que sí aprenda la lección y sobretodo que vea que somos consecuentes: si decimos esto después lo hacemos.

Cuando creamos que ha pasado tiempo suficiente entonces nos acercamos a él y le preguntamos sobre lo que ha pasado, y sobretodo recalcamos que si nos hubiera avisado le habríamos acompañado.

 

Otras cosas que podemos reforzar (con palabras cariñosas, gestos de cariño, etc):

– Si corre por dentro del recinto del parque.

– Si no echa a correr en todo el tiempo que estamos allí.

– Si nos dice que había pensado hacerlo pero al final no lo ha hecho.

– Si repite a otros niños lo que nosotros le hemos dicho al llegar al parque.

 

 

 

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